
Las imágenes de la Guardia de Infantería de CABA reprimiendo a los pequeños productores de hortalizas que se disponían a vender a precios populares en la Plaza Constitución, junto con la medida que elimina la devolución del 15% para los jubilados que paguen con débito, es quizá el resumen de hasta dónde está dispuesto a llegar el gobierno que no tiene margen y va hacia delante.
¡El plan del gobierno acordado con el FMI es devastador! El blindaje de los principales medios, que se dedican a ocultar, deformar y montar operativos de prensa, no puede tapar el avance y las consecuencias de esta política. No pueden tapar el ajuste feroz graficado en la noticia diaria de cincuenta y cinco pymes que cierra por día, con la consecuencia de miles de despidos y caída de economías regionales. No pueden tapar que hay incluso grandes monopolios que quedan afuera del modelo macrista, donde la orgía (que beneficia a los sectores agro-exportadores, bancos y demás sectores financieros de la especulación, la mega minería y monopolios petroleros) deja ahora a algunos socios afuera y lo descargan sobre los trabajadores. Así es el ejemplo de las automotrices, autopartistas, neumáticos, aceiteras, cadenas de supermercados, etc. La propia UIA dio el grito de alerta en su primera reunión del año 2019, donde los propios datos del INDEC arrojan que la capacidad ociosa de las empresas promedia el 50%. Igual que en el 2002.
El gobierno y sus asesores, como los ajustadores liberales Melconian, Cavallo o Broda, alertan que el plan “pica-piedra” –como le llaman al acuerdo con el FMI– solo alcanza para sostener el dólar pero no para estabilizar la economía; y menos para ganar una elección. En la misma dirección, afirman que la buena cosecha del campo no derramará hacia abajo. El panorama que describen es oscuro y tira a negro cuando hablan de los compromisos de la deuda (que a esta altura es impagable y fraudulenta, ya que solo se usa para sostener el dólar y la especulación financiera).
La situación de grandes sectores populares es desesperante. La canasta escolar trepó a 3.000 pesos. A los tarifazos de la energía se sumaron los del transporte. Si se hace un promedio tomando un colectivo o subte si se viene del conurbano a la Capital, se gasta alrededor de 1.400 pesos por mes, sin contar la comida diaria. Los comedores y merenderos se multiplican en las barriadas y villas donde a esta altura las elecciones de octubre ofician de la tapa de la olla para que no reviente antes.
Amplia unidad en las calles y las elecciones
Pero esta dura situación marca que algunos no pueden esperar porque los despiden, se quedan sin comida, se mueren en caso de los jubilados o cierran su industria o comercio. Por eso la lucha es hoy. Porque el acuerdo con el FMI implica la rebaja de las jubilaciones y la privatización de parte del sistema previsional, con más precarización para los activos y reforma laboral con salarios planchados en paritarias a la baja y sin reconocer lo perdido en el 2018. ¡Vienen por todo!
Por eso el año electoral debe estar plagado de luchas en todo el país. La gran unidad opositora debe estar atada a las urgencias populares. Negar esto es darle un precioso tiempo al gobierno, a los medios que lo blindan y a parte de la Justicia para que monten operaciones distractivas intentando tapar la dramática realidad social con las denuncias de corrupción.
Esta realidad divide las aguas en el país: por un lado, quienes trabajamos para unir a un gran reagrupamiento opositor con el objetivo de derrotar al oficialismo. No desconocemos que el centro de este reagrupamiento lo tiene el kirchnerismo y la figura de CFK (que está ampliando los acuerdos dentro del peronismo, como se vio en Santa Fe y Entre Ríos, incluso a sectores del massismo). Pero también tallan distintos sectores y dirigentes populares de centro-izquierda, concientes en no negar las diferencias y los limites con CFK y otros sectores, pero que ponen por delante las necesidades populares de terminar con esta política y este gobierno.
Por otro lado, las “alternativas” por izquierda o por derecha solo llevarán más división en el pueblo. División que aprovechará el oficialismo, ya que ésta no es una elección más. Acá se juega la continuidad con mayor fortaleza política de un ajuste y una entrega brutal, que será acompañada por una escalada represiva, quizás la más importante desde la dictadura, que multiplicará los datos actuales de represiones, causas judiciales, presos políticos y muertes en manos de fuerzas de seguridad, que según informe de Correpi en el 2018 llegaron a una cada 21 horas.
¡Por eso la lucha es hoy! Porque la situación del pueblo exige el Paro Activo Nacional. Porque es el camino para frenar el ajuste y resquebrajar la estabilidad política que tiene el gobierno. Porque no está nada dicho que la situación se desmadre si siguen por este camino. No le echamos agua al polvorín de odio bajo los pies del macrismo. Todo lo contrario. Trabajamos para los cacerolazos y ruidazos se masifiquen y profundicen y que puedan ser el “corralito” del macrismo. Para que los despidos y cierres de fabricas se transformen nuevas recuperadas, y que la lucha salarial rompa los topes del gobierno.
Por eso impulsamos el Movimiento Popular Liberación (MPL), para echar a andar una herramienta política para la lucha en las calles y en las elecciones, con el objetivo de ser protagonistas en el reagrupamiento de fuerzas democráticas y antiimperialistas a la hora de la confluencia con otros sectores opositores. Si bien el período tiene un claro enemigo del pueblo en el macrismo y sus aliados, también tenemos un programa (ver en nuestra página) para que se discuta a nivel de grandes masas. Porque es cierto que el pueblo quiere sacarse de encima este calvario, que implica en primer lugar romper con el FMI. Pero también entendemos que se imponen, junto a las medidas de emergencia, aquellas que atiendan a la realidad de un país desbastado como el que está dejando el macrismo y que apuntan a romper la dependencia, con control soberano sobre la energía, la gran industria, la banca y el comercio exterior, entre otras, en camino a la liberación nacional y social.





