La permanencia pacífica de los trabajadores frente a la planta de Fate es, por estas horas, una postal elocuente de la Argentina que resiste. Obreros con décadas de oficio cuidan el portón que durante años cruzaron para producir neumáticos nacionales, hoy en la calle por el cierre de Fate y agredidos por una política económica que ha declarado prescindible a la industria.
En la puerta de la fábrica, un trabajador resume la angustia colectiva: “Tengo 48 años, trabajé toda mi vida acá. Salgo a buscar empleo y lo único que aparece es changa o contratos por meses. ¿Quién toma a alguien de mi edad con experiencia industrial?”. Detrás de cada telegrama hay familias enteras que ven desmoronarse su estabilidad.
Los trabajadores con el SUTNA reclaman la apertura inmediata de la planta. En una asamblea se resolvió exigir judicialmente que la empresa vuelva a producir con toda la dotación, ya que hay acuerdos previos firmados que la obligan a sostener la actividad. A su vez, exigen al gobierno que obligue a la patronal a cumplir acuerdos y reactivar la planta. “No vamos a tener neumáticos para camiones ni colectivos”, sintetizó el secretario general de SUTNA Alejandro Crespo en cuanto a la necesidad de la continuidad productiva de Fate.
El conflicto se da en el contexto de dólar barato y apertura indiscriminada de importaciones, que impacta de lleno sobre el entramado productivo local. El ingreso masivo de productos importados coloca a las fábricas argentinas en situación de agonía. No se trata de eficiencia ni de calidad: se trata de un plan económico que promueve la primarización de la economía y favorece la sustitución de producción nacional por bienes importados. Fate, histórica empresa industrial, se convierte así en símbolo de un proceso más amplio. Lo que está en discusión no es solo el destino de una planta, sino el modelo de país. Cada línea que se detiene es conocimiento acumulado que se pierde, es valor agregado que se reemplaza por dependencia externa.
La escena se repite en distintos puntos del país. Talleres que bajan persianas, pymes que achican turnos, plantas que suspenden personal. El consumo cae y el futuro se vuelve incierto. Sin industria, no hay futuro para los 47 millones de habitantes. Estos despidos en Fate se suman a los 220.000 puestos de trabajo formales perdidos en los últimos dos años.






