El Mendozazo y aquél “No pague la luz!”

Es cierto: era una dictadura, y no un gobierno constitucional como el de Mauricio Macri, pero igual que éste se mostraba altanero y sordo a los reclamos frente a sus políticas antipopulares y entreguistas. En la capital mendocina, el martes 4 de abril de 1972 la consigna “No pague la luz” sacó juntos a la calle a habitantes de los barrios, sindicatos, organizaciones vecinales, estudiantes, jubilados, movimientos políticos y pueblo en general, contra  la medida de la Secretaría de Agua y Energía Eléctrica de la Nación aumentando las tarifas un 300 por ciento.

Fue la gota que rebalsó el vaso. Se sumaba a todos los males que la política económica de la dictadura de Lanusse (que sería la última etapa de la autodenominada “Revolución Argentina” iniciada por Onganía en 1966) y el gobernador-interventor de Mendoza –el conservador Francisco Gabrielli- venían descargando sobre las espaldas populares: en todo el país crecían la inflación y la desocupación, subían los impuestos y los servicios públicos, mientras que mes a mes se retrasaba el pago de los sueldos de los maestros y estatales.

Las uniones vecinales se reunieron y buscaron formar una coordinadora para unificar la protesta. Hicieron punta los maestros, y en la mañana del 4 se organizó una manifestación por las calles del centro mendocino; una multitud se autoconvocó para marchar hasta el Centro Cívico. Efectivos de la Policía Montada cargaron contra las maestras agrupadas frente al Sindicato del Magisterio, y carros hidrantes trataron de dispersarlas arrojando chorros de agua con tintura azul sobre los guardapolvos blancos.

Los comerciantes se unieron a la protesta con un apagón de luces de las vidrieras. La CGT anunció la formación de una “Coordinadora Provincial No pague la luz”.

La gente se congregó en la explanada de la Casa de Gobierno y quemó las boletas de la luz en repudio al aumento. La represión prendió la mecha. Grupos de soldados, policías, gendarmes y hasta bomberos recorrían las calles. El aire se llenó de gases lacrimógenos y disparos. Pero la furia de la gente hizo que una tanqueta terminara dada vuelta en una esquina. Los manifestantes con palos y piedras golpearon puertas y ventanas de la Casa de Gobierno. A su paso por la avenida San Martín –la principal de la ciudad- quedaban autos quemados, vidrieras destruidas y carteles caídos. El gobierno provincial declaró a Mendoza “zona de emergencia”. Los aprendizajes de la autodefensa popular hechos tres años antes en el Cordobazo no se habían perdido: varios caballos de la Montada quedaron desparramados por las calles por efecto de las “bolitas” de acero que los manifestantes sembraron en el pavimento.

La calma recién volvió al anochecer, al conocerse la renuncia del gobernador Francisco Gabrielli. Desde Buenos Aires, la dictadura lanussista tuvo que anular el aumento de tarifas.

La dictadura atribuyó el estallido a la participación de “infiltrados”, a la guerrilla, etc. Pero el masivo protagonismo popular le cerró la boca. El Mendozazo fue un jalón más en el largo recorrido de puebladas iniciadas por el Cordobazo, que pusieron los mojones de una posible salida popular y revolucionaria a la lucha contra la dictadura antipopular y proimperialista de la “Revolución Argentina”.