Repentinamente, Beto Pianelli falleció a los 59 años de edad producto de una complicación en una internación hospitalaria. Secretario general del sindicato que supo fundar junto a trabajadores y trabajadoras del subte, la Asociación Gremial de Trabajadores del Subte y Premetro (AGTSyP), dejó una valiosa experiencia de reorganización político-sindical.
“«¡Justo en este momento se viene a morir Beto!» me decían muchos en el velorio”, contaba Virginia Bouvet en diálogo con Prensa Al Frente. “La verdad que yo no me imagino un buen momento para que Beto se vaya. Desde que lo conozco, lo necesitábamos siempre. Hace 30 años que milito con él”, reflexionaba. Actualmente ella es la secretaria de Organización de AGTSyP.
–¿Qué admirabas más de Beto?
–Admirar es una palabra compleja. Te puedo decir que me pasó al principio, Beto era una persona deslumbrante. Tenía una capacidad de convencerte y de sumarte, de agruparte, pocas veces vista. Hoy me cuentan en otros lugares de trabajo que tampoco es tan fácil organizarse y me preguntan “¿cómo hicieron ustedes?”. Y bueno, nosotros tuvimos un Beto que nos hizo las cosas más fáciles. Después, cuando conoces a la persona ya no pasa a llamarse admiración, uno tiene respeto por el par, por el compañero y lo que hacía Beto era lograr que todos nos sintiéramos pares. Él opinaba que teníamos que sumarnos todos porque mientras más éramos, más fuertes éramos.
Beto tenía eso de ver hacia adelante y ver que se podía cambiar, y que para cambiar había que unirse. Había tenido una militancia previa en grupos izquierda, venía del MAS, pero en realidad no tenía demasiadas experiencias sindicales. Yo te cambiaría la palabra admiración por compañerismo. A mí me pasó personalmente eso, que no lo conté nunca. Me parecía una persona deslumbrante y eso te paraliza. Yo no podía hablar delante de él, era delegada, si estaba él yo me callaba. Después se me fue pasando y pasó a ser mi compañero de pelea.
–¿Cómo fue el origen de las luchas históricas del subte?
–Era el año 1994, neoliberalismo, subte privatizado. El de al lado perdía el laburo, todo cerraba, parecido a la época de ahora. A Beto le gustaba decir que desde 1976 en adelante nunca salimos del neoliberalismo, a pesar de que en algunos momentos políticos se lograron aplicar determinadas políticas económicas. No teníamos mucha experiencia gremial, pero habíamos empezado a hacer movimientos que fueron confluyendo. Nos enteramos de que antes se trabajaba 6 horas, porque el subte fue considerado insalubre y siempre tuvo jornada reducida. Pero en ese entonces eran 8 horas de trabajo y tenías 20 minutos de descanso. No podías ir al baño sin permiso, no había agua potable. Por decreto de Menem, cuando se traspasa a manos privadas, en 1995 se anuló el convenio colectivo.
Nos gustaba ser exagerados y usar frases grandilocuentes, decíamos que eran condiciones carcelarias de trabajo. Beto tenía mucho eso, así también las conquistas fueron históricas.
Empezamos primero frenando los despidos en el 97. Beto todavía no era delegado, yo sí y me dijo “Che, ¿por qué no vas a acá?”. Habían despedido a dos compañeros de la E.
Terminó siendo un paro impulsado por nosotros y se extendió a todas las líneas. Logramos las dos reincorporaciones. La empresa ya no podía usar el despido para disciplinar y empezaron a existir las asambleas. Instalamos la pelea por la recuperación de la jornada de trabajo. Primero como agrupación sindical, porque no nos sentíamos representados en la UTA, los paros eran impulsados por nosotros. En el año 2000 logramos ser mayoría en el cuerpo de delegados, fuimos acumulando fuerza en las bases. Logramos frenar la eliminación del puesto de guarda porque a nosotros nos parece esencial la asistencia de la persona por si hay una evacuación, un incidente. No es así en todo el mundo, solo en tres países. Con eso instalamos que se podía ganar. Ese año, el 2001, nos sumamos al quilombazo generalizado y metimos la ley en la Legislatura por las 6 horas. Llegaron a venir la mitad de los trabajadores en una marcha a la legislatura encabezada por mujeres.
Conseguimos la insalubridad en el 2003 y la reducción ya por convenio colectivo de trabajo en el 2004. El menemismo había eliminado las paritarias y en el 2005 se firma la primer paritaria que logró un 43% de recomposición salarial. Recién ahí podemos decir que empezamos a ganar dignamente. Antes un cajero de Coto ganaba más. Beto fue el conductor de todo ese movimiento.
–¿Cómo fue el surgimiento de AGTSyP?
–La situación se puso tensa en el sindicato, al punto físico, desde la UTA venían a patotearnos. Quisieron expulsar a todo el cuerpo de delegados en un congreso, amenazamos con paro y a partir de ahí, año 2008, dijimos: inscribamos nuestro propio sindicato. En el 2009 hicimos un plebiscito: preguntamos si querían tener un sindicato propio o no y la mayoría fue a votar que sí. Desde el 2011 Beto Pianelli secretario general, Segovia secretario adjunto y la lista con Roja y Negra en el secretario ejecutivo conduciendo el sindicato. Hubo una continuidad en el tiempo. Hoy con la muerte de Beto, Segovia pasa a ser secretario general.

–También estuvo la pelea por el pase a planta de los tercerizados.
–Si, ganaban un tercio de lo que ganábamos nosotros y trabajaban más horas. Empezaron a organizarse, primero intentando que no se enteren los jefes, pero a los pocos meses despiden a cinco compañeros. Hicimos una asamblea y decidimos que pararan los de limpieza de turno noche y a la mañana hicimos una batucada a donde estaban sus jefes.
Logramos la reincorporación y después que ingresen al convenio colectivo de trabajo. En el 2007 todos ya ingresaban a planta permanente de la empresa. El lema era “Un mismo subte, el mismo convenio”.
Además, pasaron a ser parte del escalafón: un compañero de limpieza que hoy entra con el nivel más bajo, que es el nivel 7, puede ir subiendo hasta llegar el nivel 1, conductor. Todos tenemos las mismas oportunidades, conseguimos un sistema justo de ascenso tanto para los varones como para las mujeres en base a puntajes objetivos de trabajo, y no al dedo del jefe como era antes. De hecho, a las mujeres no se nos permitía progresar, solamente estábamos en boletería y eso cambió cuando presionamos. Hoy hay 14 mujeres de un total de 100 maniobristas, el nivel 1.
–Con todo lo que contás de las luchas que tuvieron, que antes sacabas la cabeza y te la cortaban, hubo mucho de Beto de saber medir los momentos políticos y lo justo para cada medida.
–Sí, analizábamos eso. Pero básicamente nos dimos cuenta rápido que el subte era estratégico, que si parábamos generábamos caos en la ciudad. Hace muchos años nuestras medidas pasaron a ser acotadas solo en una línea, o solo dos horas, ir subiendo de menor a mayor y con el menor costo posible. Nos dimos cuenta del poderío que teníamos y buscamos aprovechar los momentos favorables.
La pandemia puso otro escenario en el cual se acortaron los pasajeros, la empresa aprovechó la situación para ofrecer retiros voluntarios. Fue bastante gente que no fue repuesta. Perdimos alrededor de 600 puestos de trabajo en el marco de que se perdieron 450 mil pasajeros también.
–Tienen una democracia no tan común en los sindicatos actuales.
–Beto no era verticalista, eso tenía muchas ventajas y algunas desventajas. No estamos a favor del verticalismo, pero a veces no se puede consultar todo. Hacemos todo lo democráticamente posible. Sabemos que las asambleas funcionan mejor en hora de trabajo que fuera. Hay un grupo de nosotros que militamos y no paramos, pero después la mayoría quiere terminar de laburar y se quiere ir a su casa. Es una diferencia muy importante que hay que entenderla y aceptarla. Le dimos mucha fuerza y relevancia a las decisiones del cuerpo delegados, instancia intermedia entre el secretario ejecutivo y los compañeros de base. Entendemos que cuando vienen y levantan la mano, toman una decisión que representa a sus otros compañeros. Beto dejó que mucha gente a su alrededor desarrolle su potencial, dejaba hacer. Hay dirigencias que son muy celosas del de al lado, hay mucha rivalidad. Si vos ves al del lado lo ves como un competidor, tenés dificultades para lo básico. Beto nos impregnaba eso, que entre todos sumábamos más. Era muy generoso.
–En el último tiempo están con la lucha contra el asbesto. ¿Qué peleas les quedan?
–Primero continuar con la desasbestización, no deja de aparecer aparato con asbesto. La mayor parte de la estructura del subterráneo es del siglo pasado, cuando no estaba prohibido, además de la ilegalidad que se cometió en 2012 cuando Macri compró trenes en España. Falta que incorporemos a un sector minoritario de compañeros que no están en la vigilancia médica. Acaban de entrar unas 50, 60 personas más, o sea, todo el tiempo estamos sumando. Nos gustaría tener la jornada más reducida por la exposición al asbesto (la enfermedad puede tener una latencia de hasta 40 años). En ese sentido queremos reducir a 30 horas semanales, dos francos y nos gustaría tener algún beneficio jubilatorio, retirarnos antes. Tener mayor intervención como trabajadores, como sindicato en las políticas de transporte. Estamos pidiendo la modernización y la elevación del Premetro, su extensión hasta General Paz. El sur está poco desarrollado, está todo muy concentrado en un sector de la ciudad. Queremos intervenir en la diagramación de la línea F, tiene que pasar por algunos barrios que son importantes, que es donde la gente más necesita. Hay 30 baños cerrados que deberían estar abiertos y ser públicos para los usuarios. Tenemos mucho para aportar en cuanto a ideas para que el transporte público sea más eficaz, más accesible, más económico. Si me apurás te digo que tiene que ser gratis, totalmente subsidiado por el estado o directamente del Estado, sin necesidad de una empresa mediadora que administre. El hecho de estar ahí te da un saber que por ahí no te dan ni siquiera los lugares de estudio ferroviario. Tenemos un dicho que es “el que sabe, sabe, y el que no, es jefe”.
–¿Y con este gobierno qué desafíos ven?
–Parecido a como fue con el macrismo. Estamos participando activamente en la CTA. Ahora integramos el FreSU, tenemos que ser un motor de cambio a futuro, de renovación. A diferencia del 2016, 2017 no se está logrando tanta unidad con la CGT, no hay esa combatividad que se había logrado que con el macrismo fue determinante para que retrocediera. El gobierno avanzó, logró estas leyes, ahora veremos qué pasa en la justicia.
Lejos de esta “modernización” que la llaman, no hay un artículo que favorezca al trabajador. La perspectiva de aplicarse no es buena, pero también en un año y pico o dos hay elecciones y también puede ser que eso cambie, que haya un aire de recomponer los destrozos que ha hecho.







