Facho Pichetto reivindicando el exterminio indígena

No habiendo ganado demasiado con cuestionar la orientación sexual de la ministra de Mujer, Géneros y Diversidad, Miguel Ángel Pichetto hizo otra denuncia aún más resonante –por lo retrógrada– y reivindicó las campañas de exterminio de Julio Roca (1878-1890). Lo hizo como parte de su denuncia al titular del Instituto de Nacional de Asuntos Indígenas (INAI) Alejandro Marmoni por “traición a la patria” al haberle reconocido 26 mil hectáreas a tres comunidades mapuches en Mendoza. En el medio, calificó al pueblo mapuche de “invasor”.

Audio original de la entrevista a Pichetto.

Cabe aclarar primero que el reconocimiento de tierras a las comunidades indígenas en todo el país se enmarca jurídicamente en la reforma constitucional de 1994 y sucesivas leyes del Congreso. Según la Constitución Nacional, corresponde al Congreso “reconocer la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan, y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano” (artículo 75, inciso 17). Para esto el Congreso sancionó la Ley 26.160, que hace un relevamiento de estas comunidades y las tierras que ocupan, y que hoy sigue vigente. Por otra parte, los miembros de las comunidades en cuestión tienen nacionalidad argentina –mal que le pese a Pichetto–, por lo que no pueden ser definidos como “invasores”.

Pero el planteo de Pichetto (en Radio Urbana Play) fue más allá y se explayó en todo un balance histórico mentiroso hecho a la medida de los beneficiarios de aquellas campañas de exterminio de Roca (porque se repartieron las tierras conquistadas) y de los monopolios mineros que hoy suelen entrar en conflicto con diversas comunidades originarias. Según Pichetto:

  1. “El mapuche es un pueblo invasor, no es originario de la Argentina, sino de Chile. (…) Usaban la Patagonia para venir a robar ganado y mujeres.”
  2. “En el siglo XIX y apareció Roca por suerte en la Argentina, hizo la Campaña al Desierto y ocupó la Patagonia.”
  3. “La Argentina está en un proceso de fragmentación y de ocupación ilegal de tierras que puede colocarnos en un grave riesgo.”

El planteo, bastante difundido en los últimos años, parte de inventar que los mapuches ya habían trazado una línea en la Cordillera de los Andes, incluso antes de que llegue el colonialismo español, para delimitar lo que varios siglos después serían Chile y Argentina. Pero lo concreto es que cuando España se vio forzada a acordar la paz con los mapuches en 1641 –porque fue derrotada tras cien años de guerra–, hubo también una delegación puelche: denominación de los mapuches del este de la Cordillera.[1] Aquel tratado, conocido como el Parlamento de Quilín –realizado en Cautín, actual Chile– constituyó el primer reconocimiento internacional de la preexistencia de la nación mapuche, a ambos lados de la cordillera.

Tan al este estaban las tribus que, en 1810, la Primera Junta de Gobierno debió enviar una expedición militar para ir a buscar sal a Salinas Grandes (cercana a lo que hoy es Bahía Blanca). El resultado de la expedición no fue solo la sal, sino que terminaron concertando el Tratado por Salinas Grandes con los caciques Victoriano, Quinteleu y Epumer en octubre de 1811.

Luego hubo decenas de acuerdos y tratados con caciques mapuches y ranqueles, antes de las cínicamente llamadas “Campañas del Desierto”. Y el propio establecimiento de fuertes en la provincia de Buenos Aires es la evidencia de que en todo ese tiempo hubo una frontera en disputa. Parte de esa disputa fueron las campañas militares y los malones indígenas.

En una de aquellas campañas militares, Bartolomé Mitre casi pierde la vida en la Batalla de Sierra Chica del 31 de mayo de 1855. Allí, unos 900 soldados fueron derrotados por los guerreros indígenas al mando de Juan Calfucurá, Juan Catriel y Cachul. Un año antes, Calfucurá había participado de un Tratado de Paz con la Confederación Argentina, enfrentada a Mitre. Calfucurá era hijo de Huentecurá, uno de los jefes que había ayudado a José de San Martín en el cruce de los Andes.

Es decir: no había tal “desierto” sino una férrea resistencia indígena en territorios de lo que hoy son Buenos Aires, La Pampa, Córdoba y Mendoza. De hecho, el Acuerdo de San Nicolás previo a la Constitución Nacional de 1853 fue firmado por catorce provincias. La Pampa, Neuquén, Chubut, Chaco y otras tantas eran aún territorio bajo dominio de los pueblos originarios. La reivindicación de Roca porque “ocupó la Patagonia” reconoce implícitamente que esos territorio no eran (aún) parte de Argentina. Es decir: el invasor (y genocida) es Roca, no los mapuches, ni tampoco los ranqueles, tehuelches, etc.

Por último, el reconocimiento de tierras a comunidades originarias no es ni “ilegal” (porque está establecido por la Constitución y leyes nacionales) ni una “fragmentación”. Son respuestas parciales ante las heridas que dejó el genocidio roquista. Lo mismo podemos decir de la recuperación de la cultura e identidad mapuche por parte de los y las descendientes. El año pasado fue presentada ante la Justicia Federal una demanda para realizar un juicio de la verdad sobre los fusilamientos, las torturas, la venta de mujeres y niños, desplazamientos forzosos, reducción a servidumbre y cancelación del idioma que implicó la campaña de Julio Argentino Roca contra 20 mil nativos. Esperemos que sirva para exponer aún más la verdad histórica.


[1] Ver: Adrián Moyano, Crónicas de la resistencia mapuche, Editorial Caleuche, 2012. Citado por Darío Aranda, “La historia que fue silenciada”, Página 12, 7/1/2018.