“Gatillo fácil” policial contra los negros

El martes 5 de julio, dos policías blancos asesinaron a Alton Sterling, un negro de 37 años, cinco hijos, que vendía CDs y DVDs en el estacionamiento de una tienda en Baton Rouge, capital del estado de Luisiana, sudeste de Estados Unidos. Uno de los agentes lo corrió en la calle, otro lo ayudó a sujetarlo en el suelo y luego, aunque no ofreció resistencia, le dispararon cuatro veces a quemarropa.

Al día siguiente, miércoles 6, un policía blanco asesinó en Saint Paul, Minnesota (nordeste de Estados Unidos) a Philando Castile, un negro de 32 años que durante una década había trabajado en la cafetería de una escuela. Lo baleó dentro de su auto estacionado en la calle, con el cinturón de seguridad puesto y al lado de su novia y su hija pequeña.

Los dos hechos fueron filmados por testigos con celulares y los videos se viralizaron rápidamente. El mismo día 6, varios centenares de personas salieron a las calles en Luisiana y Minnesota en protesta por el asesinato de los dos hombres negros a manos de la policía, con carteles escritos a mano y coreando “¡Las vidas de los negros importan!” (“Black Lives Matter”, el nombre de un movimiento anti-racista que creció a partir de las muertes de jóvenes afros que se multiplican en los últimos años).

Todo el mundo recordó enseguida los 10 días de ira de la población negra en agosto de 2014 en Ferguson, en el estado centro-sureño de Misuri, por el asesinato de un adolescente afroamericano de 18 años, Michael Brown, por un policía blanco. Lo mismo había sucedido antes, en 2012, con Trayvon Martin, joven negro de 17 años, en Florida. El policía que asesinó a Brown fue dejado libre y sin cargos al poco tiempo.

El viernes 8 de julio, durante una manifestación en protesta por el asesinato policial de Sterling y Castile que se realizaba en Dallas (en el estado sureño de Texas), Micah Johnson, un afroamericano de 25 años, ex soldado de la ocupación yanqui en Afganistán, se atrincheró en un edificio y disparó contra los guardias que vigilaban la concentración, matando a cinco e hiriendo a siete. “Dijo que estaba furioso por los recientes tiroteos de la policía y que quería matar policías blancos”, informó el jefe de la guarnición local, que lo presentó como un “terrorista” fabricante de bombas.

El sábado 9 miles de personas salieron a las calles en diversas ciudades de EEUU a protestar contra los casos de gatillo fácil policial contra los afroamericanos. La policía los reprimió, deteniendo a alrededor de 250 personas.

La “democracia”
racista yanqui

Volvió a estallar, por enésima vez, la bronca de la población negra norteamericana, en particular de los jóvenes, eternamente discriminados, explotados y empobrecidos. Las protestas contra el racismo y la brutalidad policial se multiplicaron en San Antonio, Texas, Chicago, Nueva York, Washington, Atlanta y Miami.

Según el Washington Post, durante 2016 la policía mató a 506 ciudadanos, entre ellos 123 negros, en diversos estados de EEUU. Desde Varsovia, donde asistía a una cumbre de la OTAN, el presidente Barack Obama declaró que el asesinato de los policías en Dallas fue un ataque “atroz y calculado”; pero no dijo lo mismo de las muertes de Sterling y Castile, ni la de miles de jóvenes negros que desde hace años se suceden casi diariamente en todo el territorio de EEUU.

El presidente respaldó a la policía porque dijo “tiene un trabajo difícil”. A pesar de su origen afroamericano, Obama representante de la vertiente “demócrata” de la burguesía monopolista yanqui nunca impulsó el juzgamiento ni verdadero castigo a los responsables de estos crímenes racistas. Menos todavía le preocupa el “trabajo difícil” ni la vida difícil de millones de negros norteamericanos, los más pobres entre la población pobre de esa superpotencia. Se volvió precipitadamente de su viaje por Polonia y España porque temió que a los asesinatos de Luisiana y Minnesota le siguieran rebeliones como la de Ferguson. Venía de una reunión de la OTAN, organización militar imperialista que desde su fundación hace casi 70 años impone a escala internacional las reglas matonescas que caracterizan a la “democracia” norteamericana.

Y ¿dónde está la OEA? Esa organización, que desde Washington donde tiene su sede viene señalando con el dedo al gobierno de Caracas porque dice que en Venezuela “se violan los derechos humanos”. ¿Investigará los 123 asesinatos de este año electoral en EEUU que enumera el Washington Post? ¿Cuestionará a la “Justicia” norteamericana porque todos los asesinos de negros están libres?

La policía norteamericana tiene, de hecho, carta blanca para matar negros. Una vez y otra se enarbolan los mismos argumentos justificatorios: que accionó por una denuncia telefónica de alguien que afirmó haber sido amenazado por un hombre negro armado; que los policías son agredidos y actúan “en defensa propia”… Argumentos que nadie se esfuerza por creer, que el sistema judicial yanqui usa para “dormir” las denuncias y consagrar la impunidad de los policías blancos, y que muestran la vigencia de una ideología racista heredada del esclavismo en una parte de la población blanca estadounidense.

Cuidado, porque el desbocamiento del racismo, así como las movilizaciones y la represión a la población negra norteamericana y a otros grupos étnicos, pueden ser usadas como combustible electoral para las campañas presidenciales tanto del candidato republicano Donald Trump con sus proclamas discriminatorias y antiinmigrantes y sus invocaciones a recuperar la “grandeza” imperialista del pasado, como de la demócrata Hillary Clinton secretaria de Estado en la primera presidencia de Obama que también prepara la contraofensiva yanqui y que en nombre de la “cohesión nacional” de la superpotencia dijo que rechaza “las políticas discriminatorias” pero sólo lloró a los policías muertos…