La masacre de Trelew

Fue un crimen de estado, a sangre fría. Una muestra del terrorismo militar que se desplegaría con furia años más tarde con la dictadura de 1976. Y sigue siendo una masacre que siempre se oculta cada vez que se insiste con la versión de “los dos demonios” o la “guerra sucia”. El 22 de agosto de 1972, dieciséis prisioneros del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y de Montoneros fueron asesinados por miembros de la Marina en Trelew. Intentaron hacerlo aparecer como muertes en un intento de fuga.

Entre las víctimas se encontraba Ana María Villarreal de Santucho (36 años), compañera de Mario Santucho, quien se encontraba embarazada. Según consta en la causa judicial con fallo en 2012, murió con varios tiros en el abdomen. También fueron asesinados Alejandro Ulla (23 años, PRT), Alfredo Kohan (27 años , FAR), Carlos Alberto del Rey (23 años, PRT), Carlos Astudillo (24 años, FAR), Clarisa Lea Place (23 años, PRT), Eduardo Capello (23 años, PRT), Humberto Suárez (25 años, PRT), Humberto Toschi (25 años, PRT), José Ricardo Mena (21 años, PRT), María Angélica Sabelli (23 años, FAR), Mariano Pujadas (24 años, Montoneros), Mario Emilio Delfino (29 años, PRT), Miguel Ángel Polti (21 años, PRT), Rubén Pedro Bonnet (30 años, PRT) y Susana Lesgart (22 años, Montoneros).

La toma de Rawson

El grupo de víctimas más tres sobrevivientes de aquel fusilamiento habían intentado fugarse de la cárcel de Rawson días antes. El 15 de agosto se había producido una toma de la cárcel de Rawson, tras el cual varios grupos de presos lograron huir hasta el aeropuerto. Esta cárcel, ubicada en un lugar bastante aislado en la Patagonia, se suponía de alta seguridad. Pero las organizaciones a las que pertenecían los presos lograron tomar el control del penal, planificando desde adentro y afuera la operación. En la ocupación fue muerto un guardiacárcel y fueron reducidos otros 44.

Con la toma sí lograron huir Mario Santucho, Marcos Osatinsky, Fernando Vaca Narvaja, Roberto Quieto, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Menna, en un vehículo que los estaba esperando. De allí viajaron al aeropuerto, donde otro grupo había tomado el aeropuerto y secuestrado un avión de Austral que los llevaría a Chile, en ese momento presidido por Salvador Allende.

El otro grupo de diecinueve militantes debieron ir en remís al aeropuerto, tras que no se efectivizara el transporte que estaba previsto. Llegaron al aeropuerto pero retrasados. Y el avión no los esperó. Sin escapatoria, se entregaron en una especie de conferencia de prensa ante periodistas. Una de las versiones de esta fuga fallida fue documentada en “Trelew. La fuga que fue masacre” (2004), de Mariana Urruti. Otro filme destacado es el que realizó el cineasta desaparecido Raymundo Gleyzer: “Ni olvido ni perdón: 1972, la masacre de Trelew”.

Recapturados

Los diecinueve fueron llevados por la Marina a la Base Aeronaval Almirante Zar, situada a 7 kilómetros de Trelew. La dictadura de Alejandro Lanusse reclamó al gobierno chileno la extradición de los seis fugados. Sin embargo, más tarde lograron un salvoconducto para viajar desde Chile hacia Cuba. El 21 de agosto, la Junta de Comandantes de las Fuerzas Armadas tuvo una reunión reservada. Horas después, en la madrugada del 22, los detenidos fueron sacados de sus celdas y acribillados. Los tres sobrevivientes contaron los hechos, que fueron juzgados como crimen de lesa humanidad 40 años después. Cuestión aparte sería analizar si la Marina quiso precisamente dejar sobrevivientes para impartir terror. La represión no terminó allí, sino que incluso la policía reprimió el velorio realizado en el local del Partido Justicialista en Capital Federal.

El juicio

En 2012 se dictó el fallo por la masacre de Trelew. El fallo terminó de desmoronar la versión militar de “intento de fuga”. Los marinos que asesinaron a 16 presos políticos y provocaron graves heridas a otros tres “tuvieron la decisión deliberada de matar”, recurrieron a “un ominoso pacto de silencio al estilo mafioso” y perpetraron esos homicidios tras recibir “una orden criminal emitida desde las más altas estructuras navales o políticas del Estado”. El tribunal consideró que hubo una decisión de dar un escarmiento y que así se inició un proceso de persecución y muerte mediante métodos que fueron “perfeccionados” luego a partir de marzo de 1976.

El tribunal adjudicó la responsabilidad material de los 16 homicidios alevosos y de los tres restantes en grado de tentativa al capitán Luis Sosa, al capitán Emilio del Real, al teniente Roberto Bravo y al cabo Carlos Marandino. Luis Sosa murió en prisión domiciliaria en Buenos Aires en 2016. Del Real también murió. Marandino permanece detenido. Bravo está asilado en Estados Unidos, país que se niega a otorgar la extradición.

La masacre fue alevosa. Debieron pasar cuatro décadas hasta conquistar una limitada justicia. Aún así, debemos contar también otras masacres que ni siquiera fueron juzgadas: la masacre de José León Suárez (1956), magistralmente documentada por Rodolfo Walsh en “Operación masacre”; o el bombardeo a la Plaza de Mayo del 16 de junio de 1955. Todas ellas grafican quiénes son los asesinos del pueblo.