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No fue un exabrupto. Lo dijo la asesora en temas internacionales de La Libertad Avanza (LLA), Diana Mondino, y luego lo ratificó Milei. “Para que las Islas Malvinas puedan volver a ser argentinas tiene que haber un acuerdo con Inglaterra, pero no se puede desconocer la posición de las personas que viven en las islas”, expresó Milei. Los habitantes de Malvinas deben poder “decidir su propio destino”, había expresado Mondino previamente ante el diario inglés The Telegraph. Esto sería reconocer la “autodeterminación” de la población implantada en las Islas Malvinas, lo cual equivale a resignar nuestra soberanía sobre el territorio que ocupan.
La respuesta de los ex combatientes de Malvinas no se hizo esperar. “En estos días tan convulsionados para nuestro pueblo un sector político que no oculta su admiración por Margaret Thatcher (ex primera ministra británica al momento del conflicto bélico de 1982) hablan de respetar los derechos de los isleños introducidos en nuestro territorio de Malvinas en consonancia con los deseos del gobierno inglés”, advirtió en un comunicado la Confederación de Combatientes de Malvinas de la República Argentina.
Efectivamente, Milei había dicho hace un año que se sentía “muy identificado, en términos históricos, básicamente con [Winston] Churchill, con [Ronald] Reagan y con Margaret Thatcher”. Pero su insistencia, a poco de la elección presidencial que puede ponerlo como presidente, es mucho más que una mera simpatía ideológica: evidencia que LLA tiene una postura analizada y definida sobre la cuestión Malvinas (¿o deberían decirle Falkland?).
En términos de la diplomacia internacional, Argentina logra mantener su reclamo sobre Malvinas porque ni la ONU reconoce a los kelpers como un pueblo autónomo al cual deba aplicársele el derecho de autodeterminación. Por el contrario, ya en su resolución 2065 de 1965 la ONU reconoce a las islas como un territorio en disputa y que es un caso de colonialismo al que debe ponerse fin.






