El ciclo de la economía mundial viene desacelerándose. Ya han pasado 18 años desde la última crisis en 2008, más tiempo que el que las espaciaba anteriormente. El ciclo se ha prolongado en base al endeudamiento estatal en occidente y los subsidios o apalancamiento del monopolismo estatal Chino, en el marco de la disputa por la hegemonía mundial que caracteriza al período político abierto tras la crisis de 2008. También el creciente gasto de guerra ahora opera dinamizando esa rama de la producción.
Con la guerra contra Irán, que ha derivado en la lucha por el control del Estrecho de Ormuz y el flujo del petróleo mundial, el estrangulamiento y una suba cualitativa del petróleo puede ser el disparador de una crisis de superproducción relativa del sistema capitalista monopolista mundial.
En estos días se disparó la venta masiva de bonos del Tesoro de EEUU por parte de los tenedores privados y en manos de otros estados. La causa es el resultado adverso de la guerra con un petrodólar que queda cuestionado, sumado a un nuevo record de endeudamiento que ha llegado a la descomunal cifra de 40.000 billones (millones de millones) de dólares y un déficit anual de 1.8 billones. La consecuencia será que EEUU subirá la tasa de interés de sus bonos, lo que tiende a frenar la economía de EEUU y de todo el mundo, además de acelerar su propia bola de deuda.
El frenético desarrollo de la IA es hoy un componente determinante de la carrera armamentista y de la lucha por la hegemonía. China financia ese desarrollo como parte de su monopolismo de estado, donde bajo esa dirección se desarrollan también monopolios mixtos. EEUU ha transformado parte del desarrollo de la IA en activos financieros para poder sostener un flujo de inversión en esta frenética y determinante disputa. Pero las empresas de IA no arrojan ganancias que las justifiquen como activo financiero, más allá de los contratos estatales de seguridad y defensa. Desde ese punto de vista son una burbuja inflada con aliento del Estado.
No es cierto, como plantean algunas críticas internas a Trump dentro de EEUU, que el ataque a Irán se desenfoca del centro, que es la disputa con China. Derribar al régimen iraní y controlar ese país le hubiese permitido estrangular a China, siendo Irán uno de sus principales proveedores de petróleo. El otro es Rusia. Mientras EEUU e Israel pusieron el centro en Irán, Europa no se involucró e hizo su juego. Europa tiene su centro de conflicto en la guerra de Ucrania, tras la invasión Rusa, donde originalmente la línea de expansión ilimitada de la OTAN del Partido Demócrata con Biden –hace más de cuatro años– apuntaba a la caída de Putin para un realineamiento de Rusia. Trump soñó luego con un realineamiento de Rusia en base a darle por ganada la guerra y la anexión de parte de Ucrania. Pero ninguna de las dos líneas ha prosperado.






