El 25 de marzo de 1977 un grupo de tareas de la ESMA emboscó a Rodolfo Walsh en las inmediaciones de la esquina porteña de San Juan y Entre Ríos. Querían detenerlo vivo, pero Walsh se resistió y fue herido de muerte. Su cuerpo nunca aparecería, convirtiéndose en uno más de los 30.000 desaparecidos por la dictadura genocida.
El día anterior Walsh había enviado por correo a todos los diarios y agencias de noticias ejemplares de su “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”.
De la pluma a las armas
Autor de cuentos y relatos policiales y periodista desde joven, Rodolfo Walsh dejó su sello en la literatura argentina con trabajos como “Operación Masacre”, sobre el asesinato de civiles en los basurales de José León Suárez tras el levantamiento cívico-militar peronista encabezado por Juan José Valle; “¿Quién mató a Rosendo?”, sobre el asesinato del dirigente sindical Rosendo García y la implicación de Augusto Vandor; y “El caso Satanovsky”, sobre el asesinato del abogado Marcos Satanovsky y su vinculación con los servicios de inteligencia y el diario La Razón.
Según él mismo diría tiempo después, “Operación Masacre cambió mi vida. Haciéndola, comprendí que además de mis perplejidades íntimas, existía un amenazante mundo exterior”. Hasta fines de los ‘50 su actividad política había sido escasa, a excepción de un fugaz acercamiento a los 16 años al grupo nacionalista de derecha, católico y filofascista, la Alianza Libertadora Nacionalista, a la que después repudiaría y calificaría como “la mejor creación del nazismo en la Argentina”.
Walsh iría radicalizando sus posiciones políticas: “Soy lento, he tardado quince años de pasar del mero nacionalismo a la izquierda”, escribió en 1965. “Evidentemente, tengo que decir que soy marxista, pero un mal marxista, leo muy poco: no tengo tiempo para formarme ideológicamente. Mi cultura política es más bien empírica que abstracta”, declararía cuatro años después.
En 1968, tras una entrevista con Perón y Raimundo Ongaro en Madrid, asumió la dirección del semanario de la CGT de los Argentinos (CGTA), que cumpliría un rol importante en la reactivación del movimiento obrero en la lucha contra la dictadura de Onganía. De su pluma salió la redacción del Programa del 1° de Mayo de la CGTA, que avanzaba en mostrar que el movimiento obrero no podía limitarse solo a tareas reivindicativas, sino que precisaba una perspectiva y un proyecto político con un horizonte de liberación.
En 1973 se incorporaría a Montoneros, que estaba en pleno auge, con el grado de Oficial 2° y el alias de Esteban. Allí fue encargado de conformar el departamento de informaciones, del que fue el responsable. Planteó sus primeras diferencias con la dirección de Montoneros en 1974, cuando esta decidió pasar a la clandestinidad, abandonando los frentes de masas, y dedicarse de lleno al enfrentamiento militar contra el gobierno de Isabel Perón, contribuyendo los planes golpistas. Los planteos de Walsh fueron “volver a integrarse al pueblo, separar a la organización en células de combate estancas e independientes, distribuir el dinero entre las mismas y tratar de organizar una resistencia masiva, basada más en la inserción popular que en operativos de tipo foquista”. Pero en definitiva, sus críticas a la cúpula de Montoneros no incluían la denuncia del papel golpista de esa dirección, por lo que en definitiva no rompió con esa organización.
Contra la dictadura
Tras el golpe del ‘76, Walsh se concentraría en un trabajo de contrainformación, intentando romper la censura y el cerco mediático de la dictadura. Para eso, creó la Agencia Clandestina de Noticias (ANCLA), una cadena informativa con un sistema de difusión de mano en mano: “Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información”, decían las gacetillas.
Ante las proporciones de la represión dictatorial, los asesinatos de su hija Victoria, de 26 años y también militante, y su amigo Paco Urondo, y de miles de militantes de Montoneros y otras organizaciones, Walsh pasó sus últimos meses redactando documentos en una casa en San Vicente.
De allí saldrán una serie de escritos internos críticos de las orientaciones de la conducción de Montoneros. Walsh cuestionaba el triunfalismo y el militarismo de la dirección montonera y planteaba que ante la gravedad de nueva situación debían replegarse en el movimiento peronista disputando su dirección en vez de intentar reemplazarlo, retomar el ejemplo de la resistencia peronista pos-1955 y adoptar medidas organizativas para evitar el aniquilamiento. Y frente a la idea de que la dictadura había fracasado en su política aperturista hacia los Partidos y estaba aislada internacionalmente, señalaba los acuerdos del PC y la UCR con la dictadura de Videla, sus vínculos con la Iglesia y las cúpulas sindicales y la “excelente relación con el bloque soviético, que con su importancia los salva en el sector externo”.
El 24 de marzo, al cumplirse un año de la instalación de la dictadura, enviaría a los medios su famosa “Carta Abierta de un escritor a la Junta militar”. Allí, con una claridad extraordinaria, denunciaba: “Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.”
Nadie publicó su Carta, ni siquiera fragmentos del texto. Las palabras que la cerraban eran premonitorias: “Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles”. Al día siguiente Walsh fue emboscado. Querían impedir que su texto se conociera. No lo lograron.
La Carta Abierta de Walsh fue y es hoy uno de los testimonios más elocuentes del terror dictatorial, un testimonio que nos reafirma en la lucha contra el olvido y el negacionismo, por juicio y castigo a todos los culpables del genocidio dictatorial y por justicia para nuestros 30.000 desaparecidos.





