Trump busca redireccionar el plan de guerra

Con sus propuestas de paz para Palestina y Ucrania, el presidente estadounidense busca cerrar los conflictos que desvíen sus esfuerzos contra China. Su bloqueo y el robo pirata de un buque petrolero venezolano, y también el salvataje a Milei, son parte del objetivo de recuperar el control de su “patio trasero” en América en su disputa principal con la superpotencia asiática.

Fuerzas piratas estadounidenses en el momento del robo del buque petrolero venezolano. Luego Trump impuso militarmente el bloqueo marítimo a Venezuela.

Por el momento Donald Trump ha tenido cierto éxito con su Plan de “Paz” aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU para la Franja de Gaza (ver nota en nuestra web).

También ha sido exitoso su salvataje al presidente argentino Milei, que ha influido de forma decisiva en la elección legislativa de medio término. En Ucrania, el horizonte es más difuso, como así también el devenir de la presión creciente que EEUU viene haciendo sobre Venezuela.

En un futuro no tan lejano se avizora un conflicto por Taiwán que, además de China, podría involucrar a Japón y EEUU. Este conflicto estallaría en 2027, previo a lo cual Trump necesita cerrar todos los demás focos abiertos que dispersen sus esfuerzos. La flamante primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, le puso explícitamente un condimento bélico al asunto reubicando lanzadoras de misiles (ver web). Aparentemente la aliada de Trump se habría apresurado, pero muestra hacia donde se dirige la geopolítica. Mientras tanto, EEUU no deja de mostrar incertidumbre económica y política.

Frágil “paz” en Medio Oriente

En su estrategia global, Trump necesita la paz en Palestina –lo que implica un freno a Israel en su genocidio sobre Palestina– para no perder aliados árabes disputados por China. Arabia Saudita viene de restablecer relaciones diplomáticas con Irán y este año firmó un acuerdo de defensa estratégica con Paquistán, la única potencia nuclear árabe del mundo cuyas fuerzas armadas son equipadas mayoritariamente por Rusia y China. Ahora, EEUU acaba de lograr un acuerdo con Arabia Saudita para inversiones y articulaciones de las cadenas de suministros para la industria tecnológica y equipamiento militar desde EEUU con aviones F-35.

En la región solo Israel posee aviones F-35, lo que llevó a su protesta. El sionismo evalúa que, frente al retroceso yanqui en el mundo, solo puede garantizar su propia existencia a fuerza de ampliar sus propias fronteras militarmente y en base a lo cual han hecho retroceder a Irán. Por ahora Trump ha dado un avance en sus planes en esta región.

Por ahora, sigue la guerra en Ucrania

En coincidencia con la caída de Pokrovsk, el último bastión en la línea de defensa ucraniana en la región del Donetsk, Trump ha presentado un plan de paz de 28 puntos que contempla en lo fundamental la posición rusa: reconocimiento a la soberanía rusa de todos los territorios conquistados, el no ingreso de Ucrania a la OTAN, el levantamiento de sanciones a Rusia y el cambio de régimen con elecciones en 100 días. Pero también incorpora otros puntos que no son del agrado ruso como una fuerza multinacional de paz en la frontera, un ejército ucraniano de 600 mil efectivos, recursos de reconstrucción con fondos rusos incautados entre otros.

Entre europeos y Ucrania redujeron el plan de paz a 18 puntos y rechazaron los principales puntos planteados por Rusia. El eje guerrerista británico-francés-alemán busca la forma de ganar tiempo y sostener a Ucrania en guerra mientras preparan a las nuevas generaciones para un posible conflicto con Rusia instaurando el servicio militar y rearmando sus ejércitos con presupuestos que le sacan a la sociedad en medio de un proceso económico de estancamiento.

El presidente ruso Putin ha respondido que la paz llegará cuando el ejército de Ucrania se vaya de los territorios reclamados por Rusia o sea sacado por la fuerza. Rusia tiene la iniciativa y avanza varios kilómetros por día en todos los frentes. En estas condiciones no aparece obligado a firmar nada que no refleje el resultado del campo de batalla. Bajo estas circunstancias, Trump no está claro que logre balancear rápidamente resultados favorables a sus planes.

El trasfondo de la discusión del eje guerrerista europeo con Trump es que el impacto del triunfo de Rusia revertiría su retroceso de los últimos 40 años en Europa, reconfigurando las relaciones políticas entre los estados europeos respecto de Rusia. Mientras que Trump les plantea que si, no dejan de combatir a Rusia, están estrechando su alianza con China.

Ésa es precisamente su crítica a política de los últimos 20 años de los demócratas de EEUU.

Mientras tanto, los Reyes de España, Macron de Francia y los alemanes viajan a China para estrechar acuerdos comerciales y de inversiones chinas en Europa con transferencia de tecnología con la esperanza de una neutralidad china en un conflicto con Rusia.

Portaaviones y piratería en América, vientos de guerra que acechan nuestro continente

Para Trump recuperar el “patio trasero” de EEUU significa desplazar al socialimperialismo chino de América Latina, reeditando la Doctrina Monroe. Para ello utiliza su hegemonía en las finanzas, en lo comercial y en lo militar. Ya vimos como operó a través del secretario del Tesoro Bessent para salvar a Milei de la corrida cambiaria previo a las elecciones. Lo mismo acaba de ocurrir en Honduras, donde ganó el candidato que apoyaba Trump pero el parlamento hondureño anuló las elecciones por interferencia extranjera. Pero Trump también tuvo avances con la elección de Rodrigo Paz en Bolivia y el triunfo de la ultraderecha en Chile.

Venezuela es el centro de la acción militar de Trump en América. Trump plantó el mayor portaviones del mundo y un conjunto de fuerzas militares frente a las costas venezolanas, declaró el cierre de su espacio aéreo y viene asesinando ya a más de 80 personas en ataques con misiles a lanchas supuestamente vinculadas al narcotráfico. Ahora acaba de piratear un barco petrolero venezolano y de imponer por la fuerza un bloqueo a Venezuela.

Trump, que viola el derecho internacional y todas las convenciones, le puso precio a la cabeza del presidente Maduro y lo declaró jefe de una organización narcoterrorista: el Cartel de los Soles. El gobierno de Maduro tiene cuestionada su legitimidad pero el problema es la defensa de la nación venezolana y sus recursos naturales. Venezuela tiene las mayores reservas de petróleo del mundo y Trump ha explicitado que lo quiere para EEUU.

Hasta ahora la configuración del conflicto indica que Trump va aumentando la presión buscando la división interna en Venezuela. Para esto podría lanzar un bombardeo a infraestructura y decapitar el régimen para lograr su caída. Trump planea un conflicto corto, intenso y de resolución rápida sin ingresar con tropas al territorio por el posible empantanamiento por años, como indica la nueva Estrategia de Defensa Nacional de EEUU publicada en estos días. En sus amenazas, Trump también pasó a incluir al presidente Petro de Colombia, quien le respondió duramente que va a estar junto a Venezuela enfrentando con las armas. Maduro recibió el apoyo de Lula de Brasil y Putin de Rusia.

En cuanto a la influencia comercial, se anunciaron acuerdos de EEUU con Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala, que apuntan a darle ventajas al ingreso de productos, servicios y patentes de EEUU y poner trabas a lo que venga de China. También golpea al Mercosur y a Brasil. Aunque con Lula, Trump tuvo dificultades porque se le plantó ante el injerencismo respecto de la condena al golpista de Bolsonaro y tuvo que retroceder con los aranceles.

¿Y si Trump pierde las elecciones?

Trump expresa en forma brutal y desesperada la búsqueda de la burguesía imperialista de EEUU de mantener su hegemonía global en base a la fuerza, mientras la bipolaridad creciente es cada vez más inocultable. Todo esto se da en un contexto de enfriamiento de la economía global y mientras se va produciendo un ocaso del Estado de Bienestar. La acumulación de capital en una élite de ultra ricos milmillonarios se acelera como nunca antes. Se impone una libertad creciente del capital, la reducción del pago de impuestos, de los beneficios sociales y de las jubilaciones, un aumento de la explotación laboral y de los presupuestos militares.

Esta decadencia económica y social se vive también hacia el interior de EEUU. Hay 42 millones de personas que reciben ayuda alimentaria, 30 millones a los que les quieren sacar el seguro de salud, millones de personas viviendo en carpas, casas rodantes o contenedores abandonados por no poder pagar un alquiler. Millones endeudados por viviendas, enfermedad o estudios. Una clase media que se redujo al 40% de la población.

Trump fue electo con la promesa de dar una respuesta. Pero lo que viene creciendo en EEUU es la oposición a su gobierno. Crecen corrientes de masas por izquierda y nuevos partidos que toman como programa la situación de los trabajadores en relación con las deudas, la vivienda, la salud y el transporte, y el aumento de impuesto a los ricos. Así ganó Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York, un inmigrante africano de familia indú, musulmán y socialista. Lo mismo pasó en la ciudad de Seattle con el triunfo de la socialista Katie Wilson. También Trump perdió por mucho frente a los demócratas en varios estados y la alcaldía de Miami gobernada por republicanos por 30 años, con gran caída entre los migrantes frente a su política fascista de deportación.

Todo este contexto, de crecientes dificultades económicas y conflictividad social en EEUU, podría terminar por truncar el proyecto trumpista y su estrategia geopolítica. La historia y a lucha de los pueblos dirán.