Dijo Carrió. ¿Se refería a alguna denuncia de corrupción? Claramente no. Era su posición sobre los juicios de delitos de lesa humanidad durante la última dictadura. “Les pido que tampoco lo saquen”, agregó para su público del espacio al club Harrods Gath & Chaves en el barrio porteño de Belgrano días antes de las elecciones (13/10, publicada luego de los comicios por Infobae). Sus frases destacadas:
• Los juicios a los militares habrían sido utilizados “como venganza y no como justicia”. Todo un enfoque, que desacredita a las víctimas.
• “En muchos casos los procesos están nulos”, afirmó sin referirse a ningún caso en concreto sino simplemente desacreditando los juicios en general (coherente con su sesgado concepto de “justicia”).
• “En otros casos, de torturadores directos, tienen que estar [presos]”… ¿Hay torturadores “indirectos”? ¿Sólo si presencia una tortura sería culpable un genocida?
• Explicó que “hay dos vías” para excarcelar represores. Una sería la prisión domiciliaria, insistiendo con que “una situación que tiene que ser aplicada a todo por respetar los derechos humanos, es que después de determinada edad tu prisión es domiciliaria”. Cinismo puro.
• En la otra “vía”, se pronunció por buscar “el consenso necesario para ver juicios de revisión en los casos que no haya pruebas, porque realmente hay juicios donde no hay pruebas”. Es decir, cambiar los juicios de la verdad por los juicios del olvido. Pero la que no tiene “pruebas” es Carrió.
Fue electa diputada pero se cree jueza de la lucha popular por memoria, verdad y justicia. Con semejantes definiciones se entiende por qué las ocultó deliberadamente durante la campaña.





