25 de Mayo: Dos épocas de revolución social

Una de las primeras resoluciones de la Primera Junta fue la conformación del ejército liberador. Batalla de Suipacha (en el actual Dto. de Potosí, Bolivia) el 7 de noviembre de 1810.

Fueron 14 años de guerra desde 1810 a 1824 para que finalmente el colonialismo español fuera derrotado. Esta revolución anticolonial se dio en el contexto de la época de las revoluciones burguesas, aunque no logró profundizarse en los cambios sociales que pretendían sus sectores más avanzados como Moreno y Artigas (porque terminaron hegemonizando un núcleo de terratenientes y comerciantes).

Luego, entrando ya en la nueva fase imperialista del capitalismo, se terminó de constituir el Estado nacional a fines del siglo 19 en un proceso incluso más complejo. Proceso que incluyó sangrientas guerras civiles, la guerra fratricida contra el Paraguay y el genocidio de los pueblos originarios. La alianza oligárquico-imperialista hizo de la Argentina un país dependiente, oprimido por los imperialismos y atrasado por la persistencia del latifundio, y donde en un proceso pasaron luego a predominar las relaciones capitalistas de producción.

Hoy estamos en una nueva época de revolución social, como analizó Lenin a comienzos del siglo 20: la época del imperialismo y la revolución proletaria. Del libre comercio se pasó a los monopolios, y las burguesías monopolistas de los países imperialistas pasaron a explotar no solo a la clase obrera de sus propios países, sino a los pueblos de todo el mundo, aliándose y subordinando a las clases dominantes nativas. El mundo quedó desde entonces dividido en dos tipos de países: un puñado de potencias imperialistas y una gran mayoría de países coloniales, semicoloniales y dependientes, entre éstos los de América Latina. Y esta contradicción se entrelaza con otras dos: la que existe entre la burguesía y el proletariado, y las contradicciones interimperialistas.

En la época actual, la clase obrera es la única en condiciones de dirigir las revoluciones con su partido de vanguardia. En países oprimidos –como el nuestro– las revoluciones de liberación nacional son ya parte de la revolución proletaria (y no de la revolución burguesa). Las revoluciones del siglo 20 en Rusia, China, Cuba y otros países –cada una con sus distintas condiciones particulares– comprobaron en la práctica que se había entrado a esta nueva época de revolución social. Por todo esto hoy, la revolución no implica simplemente cumplir las tareas que no se pudieron hacer hace 200 años (o una segunda independencia), sino abrir paso a la liberación nacional y social para marchar ininterrumpidamente al socialismo.

Actualmente, las políticas del gobierno mileísta van en el sentido de profundizar nuestra dependencia nacional en su alineamiento geopolítico con EEUU e Israel, llevarla incluso a un nuevo colonialismo o incluso la disolución nacional. Su “gran” iniciativa de promoción RIGI de inversiones extranjeras tiene como gran “logro” que las nuevas inversiones extractivistas se lleven nuestros recursos naturales con menos impuestos, sin condiciones de desarrollo en la industria nacional y con plena disponibilidad de uso de divisas. Pero, así como los protagonistas de nuestra Independencia no enfrentaron a España para subordinarse a Inglaterra, Francia u algún otro “mal menor”, no es solución para el pueblo y la nación optar por uno u otro imperialismo.