Belgrano, de la Rebelión de las Trenzas a la creación de la bandera

197° aniversario de la muerte de Manuel Belgrano

La Revolución de Mayo de 1810 dio inicio a una prolongada guerra de independencia contra el colonialismo español, y también puso a foco las disputas al interior del frente anticolonial. Ya en la Primera Junta esta pugna se plasmó en las figuras de Mariano Moreno, expresión del sector más consecuentemente independentista y partidario de cambios sociales y económicos, y de Cornelio Saavedra, expresión de la aristocracia criolla que pretendía dejar de ser colonia pero sin que eso implicara grandes cambios sociales que afectaran sus privilegios.

Saavedra había sido designado Presidente de la Junta producto de su poder militar. Comandaba el Regimiento de Patricios, el más numeroso de los que se habían con formado para resistir la segunda invasión inglesa en 1807, y clave también en los acontecimientos de mayo de 1810. Moreno, Secretario de la Junta, dirigía el periódico oficial La Gazeta de Buenos Aires, y con él se alineaban Castelli y Belgrano, que comandaban los dos ejércitos independentistas en operaciones. Pero, a fines de 1810, con la incorporación a la Junta de los diputados de las provincias del interior, en su mayoría conservadores, Saavedra logró desplazar a Moreno, que moriría sospechosamente en altamar durante un viaje a Londres.

Pero ahí no terminó la lucha entre los partidarios de Saavedra y los de Moreno. Estos últimos fundaron la Sociedad Patriótica, integrada entre otros por Manuel Moreno (hermano de Mariano) y Bernardo de Monteagudo, junto a los comandantes del Regimiento de la Estrella Domingo French y Antonio Luis Beruti, que fue duramente perseguida. El 5 de abril de 1811, los saavedristas Joaquín Campana y Tomás Grigera, apoyados por el Regimiento de Patricios y los habitantes “orilleros” de la ciudad, realizaron un levantamiento en contra del ala morenista. Finalmente, lograron el destierro de los miembros de la Junta Vieytes, Rodríguez Peña, Larrea y Azcuénaga, la disolución del Regimiento de la Estrella y la prisión de French y Beruti. Así, Saavedra llegaba a la cima de su poder político.

Pero la derrota del Ejército del Norte en Huaqui en junio cambió la situación. Saavedra marchó al norte y distintos sectores opositores de Buenos Aires aprovecharon para destituirlo y conformar el Primer Triunvirato, integrado por Chiclana, Paso y Sarratea, donde su Secretario Bernardino Rivadavia iría adquiriendo cada vez mayor poder.

 

Los patricios y la rebelión de las trenzas

En este marco es que se produjo la “Rebelión de las Trenzas” del Regimiento de Patricios. Consciente del poder de esta fuerza militar, el Triunvirato tomó la decisión de nombrar como comandante a Manuel Belgrano y transformar a este cuerpo de milicias a regimiento de línea, y por tanto obligarlo a prestar servicio en donde se lo destinara.

El detonante del levantamiento fueron una serie de medidas disciplinarias dictadas por Belgrano, que incluían el corte de la tradicional trenza que llevaban los patricios como símbolo de distinción. Los soldados se alzaron en armas pidiendo la destitución de Belgrano y el regreso de Saavedra. Uno de los amotinados, de origen inglés, disparó un cañonazo contra las tropas del Triunvirato que habían rodeado el cuartel, lo que desató la represión, con un saldo de 8 muertos y 35 heridos. Tras esto, veinte de los implicados fueron condenados a prisión y once sargentos, cabos y soldados fueron fusilados.

La derrota del motín marcó el fin de las aspiraciones políticas de Saavedra, que escapó hacia Chile. Pero también fue aprovechada por el Triunvirato para profundizar su política cada vez más centralista y conservadora, que postergaba sin fecha la declaración de independencia y, a tono con las pretensiones de Inglaterra, prefería la negociación antes que el enfrentamiento con los españoles.

 

Los patricios y la bandera celeste y blanca

Tras el sometimiento de la Rebelión de las Trenzas, el Regimiento de Patricios fue dispersado en varios frentes de batalla. Parte de este marchó en 1812 junto con Belgrano hacia Rosario a combatir las agresiones españolas desde la Banda Oriental.

Allí fue que Belgrano dio cuenta de su decisión independentista enarbolando por primera vez la futura bandera argentina. Ante el absurdo de que sus soldados combatieran a los ejércitos realistas usando distintivos españoles, obtuvo primero la autorización para que usaran unas escarapelas celestes y blancas, denominó a sus baterías de artillería “Libertad” e “Independencia” e hizo jurar a sus tropas frente a la nueva bandera con el siguiente lema: “Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y
de la Libertad”.

Esto le valió una fuerte reprimenda del Triunvirato rivadaviano, que le ordenó eliminar la bandera. Belgrano respondió con una indignada ironía: “La desharé para que no haya ni memoria de ella. Si acaso me preguntan responderé que se reserva para el día de una gran victoria y como está muy lejos, todos la habrán olvidado”. El siguiente destino de Belgrano sería el mando del Ejército del Norte, que resistía el avance realista, donde una vez más este debería desobedecer las órdenes derrotistas del Triunvirato, dando batalla en Tucumán (ver Vamos! N°53). Poco después caería el Primer Triunvirato.

Ya con la Asamblea del Año 13, hizo jurar la bandera al Ejército del Norte sobre el río Juramento. Luego, con esta bandera por primera vez al frente de las tropas en una batalla, aplastaría a los españoles en Salta.

La lucha de líneas y proyectos fue desde el inicio parte esencial de nuestra Revolución de Independencia, como ocurre en toda verdadera revolución. Fue una lucha feroz, sin cuartel y fundamental: de fondo, hacía a la posibilidad de llevar adelante consecuentemente la guerra de independencia contra los españoles y de concretar cambios económicos y sociales profundos junto con la liberación del colonialismo.