Con esa frase contundente finalizó la entrevista realizada por la Revista Anfibia a Mariana D, hija del genocida Miguel Etchecolatz. Mariana decidió dar a conocer su historia luego de participar en la histórica marcha contra el 2×1 del pasado 10 de mayo. Definió a su padre como “un ser infame, no un loco. Un narcisista malvado sin escrúpulos”. Ella padeció su violencia en su propia casa. Refiere que su madre intentó varias veces escaparse con ella y sus dos hermanos. Pero Etchecolatz la amenazó: “Si te vas te pego un tiro a vos y a los chicos”.
“Lo terrible es que con mis hermanos nos refugiamos en el anonimato por la sombra de ese hijo de puta. Ellos no lo soportaron y se fueron de la ciudad, yo decidí quedarme. Vivir así es duro, humillante”. “Aparentábamos lo que no éramos. Las personas que nos rodeaban decían “qué capo es tu viejo”. No había quienes nos dijeran “mirá este hijo de puta lo que hizo”. Una vez que escuché un testimonio en un juicio ya no me hizo falta nada más. Hasta hoy me da aberración” respondió al ser consultada sobre cuando escuchó por primera vez lo que hizo su padre. “Me angustié desesperadamente con lo de Julio López. Me temo que aún sigue sosteniendo poder desde la cárcel, no es un ningún viejito enfermo, lo simula todo” advirtió para que no queden dudas de que ni Etchecolatz, ni ningún represor debe ser liberado.
En 2014 decidió cambiar su apellido: “Debiendo verme confrontada en mi historia casi constantemente y no por propia elección al linde y al deslinde que diferentes personas, con ideas contrarias o no a su accionar horroroso y siniestro pudieran hacer sobre mi persona, como si fuese yo un apéndice de mi padre, y no un sujeto único, autónomo e irrepetible, descentrándome de mi verdadera posición, que es palmariamente contraria a la de ese progenitor y sus acciones (…) Permanentemente cuestionada y habiendo sufrido innumerables dificultades a causa de acarrear el apellido que solicito sea suprimido, resulta su historia repugnante a la suscripta, sinónimo de horror, vergüenza y dolor. No hay ni ha habido nada que nos una, y he decidido con esta solicitud ponerle punto final al gran peso que para mí significa arrastrar un apellido teñido de sangre y horror, ajeno a la constitución de mi persona. Pero además de lo expuesto, mi ideología y mis conductas fueron y son absoluta y decididamente opuestas a las suyas, no existiendo el más mínimo grado de coincidencia con el susodicho. Porque nada emparenta mi ser a este genocida”. Estos fueron los argumentos que presentó en la solicitud del cambio de apellido de Mariana Etchecolatz a Mariana D.
El pasado 10 de mayo, Mariana D fue parte de los millones de personas que nos movilizamos en todo el país contra el vergonzoso fallo de la corte. La entrevista publicada finaliza así:
–¿Qué deseas de acá en adelante?
–Que no salga nunca más. Nunca me había animado a contar mi historia. Y lo único que quiero expresar ante la sociedad es el repudio a un padre genocida, repudio que estuvo siempre en mí. Mejor dicho: el repudio de una hija a un padre.





