En su reciente discurso de apertura de las sesiones del Congreso, Mauricio Macri habló de los cambios que supuestamente están posibilitando el “crecimiento invisible” y, entre ellos, destacó el acuerdo logrado en el sector lechero. Se refiere al convenio firmado a fines de octubre entre la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera (Atilra) y las cámaras empresariales del rubro, auspiciado por los Ministerios de Trabajo, Producción y Agroindustria. Vale la pena entonces analizar el nuevo convenio. Estos son algunos de sus principales puntos:
• Se deja afuera del convenio al personal que realiza tareas no comprendidas directamente en el sector lácteo, como seguridad, maestranza y comedor.
• Se introduce el principio de multifuncionalidad de los trabajadores, permitiendo al empleador mover al trabajador a sectores y tareas diferentes.
• Incorpora las figuras del trabajador a plazo fijo, contratado para tareas acotadas en el tiempo, y del “franquista”, contratado a tiempo parcial para fines de semana y feriados, que cobrará el salario sin los recargos establecidos para las horas extra.
• Se establecen premios por asistencia perfecta y puntualidad. Ante la primera falta o llegadas tarde que sumen 25 minutos se pierde el 50% del premio, con más de dos ausencias o demoras de 35 minutos pierde la totalidad.
• Se extiende el período de prueba de los nuevos trabajadores a seis meses para pasar de la categoría A a la B.
• Además, en mayo ya se había acordado la reducción de los montos de los aportes patronales por trabajador, que pasaron de $3.700 a $1.500 para las grandes empresas y $750 para pequeñas y medianas.
El mecanismo utilizado por los adalides del diálogo “sin patoterismos ni extorsiones” para conseguir el aval del sindicato fue justamente el chantaje de que era la condición para el salvataje a la empresa Sancor. El acuerdo lechero constituye una contundente muestra de los objetivos de la reforma laboral macrista y sobre las espaldas de quiénes pretenden asentar el “crecimiento”.




