“No me va a correr de la calle”

Hace casi 20 años se fue a vivir a Ushuaia y nunca más quiso irse. Aunque por unos años debió regresar a Puerto Tirol, su pueblo natal en Chaco, asegura que Ushuaia es su “lugar en el mundo”. Pero ahora Verónica Alfonso lleva a cuestas una resolución de exoneración que la puede dejar afuera del sistema educativo público, en una isla donde lo que crece son los despidos. Es bibliotecaria, archivista y especialista en archivos históricos, recibida en la Universidad Nacional del Nordeste. Trabaja en el Colegio Kloketen, una escuela secundaria, y en el Instituto Provincial de Educación Superior (IPES), para la formación docente.

Su exoneración y la de otros 16 docentes habían sido aprobadas primero por la ex gobernadora Fabiana Ríos, por haber participado de la permanencia en Casa de Gobierno resuelta por los docentes en la lucha paritaria de 2013 que arrancó un 43% de aumento salarial. Luego, la actual gobernadora Rosana Bertone hizo aprobar por la Legislatura en enero de este año un paquete de ajuste que desató un fuerte conflicto con los estatales y jubilados. Entonces continuó con el procedimiento de despido de los 17 docentes, para lo cual pidió el desafuero sindical ya que se trata de representantes sindicales del SUTEF.

Sobre su profesión de bibliotecaria Verónica analiza que “desde ahí arranca mi compromiso social de generar conciencia, de ver qué leen los pibes” porque “no hay texto ingenuo”. “Con mis compañeros –agrega– buscamos que la bibliografía que esté dentro de nuestra biblioteca sea crítica, sea constructiva y que apunte a la liberación pedagógica.” Como parte de la campaña contra su exoneración, viajó junto a una delegación de docentes al 31º Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario. Allí la entrevistamos.

–¿Cuándo fuiste a vivir a la isla?

–Me casé y me vine a Ushuaia. Era estudiante de agronomía; en tercer año se nos ocurrió dejar y nos vinimos. Después nos agarró Menem, De la Rúa. Se complico más Tierra del Fuego, las fábricas, los comercios cerraban… era todo un caos terrible, una malaria total y tuvimos que volver. Después que me divorcio, mis viejos me proponen que vuelva a estudiar y que ellos me cuidaban a mi hijo, que era chiquitito. La universidad está a 15 km de mi pueblo. Yo soy de Puerto Tirol. Me recibí y me volví a Ushuaia. Yo tenía mi vida en Ushuaia. Es mi lugar en el mundo. Es el lugar que elegí hace muchísimo tiempo, más allá de que quiero mucho a mi Tirol, hoy por hoy esa es mi tierra. Mi hijo es fueguino.
Hoy vivo con mi hijo y con mi pareja. Mi compañero también es un militante, es parte del sindicato. Nuestro gremio trata de darle una mejor condición de vida a sus afiliados en serio. En todo sentido, entonces tiene políticas de vivienda, deportes, de género, de acción social en general. Y en ese marco hizo convenios, para poder darnos un pedazo de tierra porque no había desde el Estado una política de tierra y vivienda. Y a través del sindicato hoy muchos docentes como yo hemos tenido acceso a la tierra, allí edificamos hace tres años, ahora va a hacer un año que estamos en nuestra casa, en un barrio docente, donde están todos nuestros compañeros y nuestros hijos se conocen, es una gran familia. Alrededor están otros sindicatos.

–¿Cómo sentís que fue recibida la campaña contra la exoneración de los docentes fueguinos?

–La verdad que sorprenderme no me sorprendió pero fue emocionante. Porque yo sé de la solidaridad que tenemos las mujeres. Las mujeres tenemos ese plus aparte, más si sos mamá y/o docente o estás dentro del sistema educativo ahí: sos mamá, sos psicóloga, sos un contenedor de un montón de problematicas afectivas, socioeconómicas, que se generan a partir del vínculo con el chico. Y cuando sos militante de la vida, sabés de esa solidaridad. Es emocionante; porque no te conocen pero se reconocen en la lucha, la hacen propia. Fue una cosa magnífica. Reconocen ese ajuste que está pasando por tu espalda y que a ellas no les es ajeno. Es emocionante ver tanta mujer luchadora, tanta fuerza junta.

–¿Cómo cambia tu situación si el gobierno logra imponer tu exoneración?

–Hay que tragar saliva porque la impotencia que te da es grande. Primero porque uno se reconoce en su condición de trabajadora en su condición de clase. Y soy consciente de que es un precedente muy dañino para nosotros. Porque no soy ni yo ni mis compañeros. Es todo el movimiento obrero el que está en juego, y eso es peligrosísimo. Porque después resulta que ¿cómo vas a hacer? ¿Salís a la calle a luchar y te quedás sin laburo? Y siendo que ese laburo es la fuente de sustento de tu familia, es el pan de nuestros hijos. Porque los trabajadores no tenemos otro capital, otra riqueza más que nuestro laburo.
Da mucha impotencia porque en Tierra del Fuego tenemos el partido judicial hoy por hoy: una connivencia terrible entre los tres poderes. No hay independencia. Entonces no hay justicia, hay una Justicia adicta. Y para la clase nuestra es muy jodido el precedente que sienta.
Como luchadora no me va a correr de la calle. (…) lo que duele es que vos hayas elegido y laburado para poder vivir y trabajar donde estás. Ushuaia es mi lugar en el mundo. Entonces eso es lo que me jode; porque vos tenés que garantizar el pan de tus hijos y te vas a tener que mover a donde esté ese pan; vas a tener que ir a laburar donde se pueda. Y a lo mejor es en Ushuaia pero sino te cambia la vida que vos elegiste. Ese es el dolor más grande que tengo.

–¿Por qué tanta saña por parte del gobierno contra los docentes?

–Principalmente porque nuestro sindicato organizado siempre fue punta de lanza de cualquier lucha. Principalmente las de nuestro sector pero siempre se hizo cargo de distintas problemáticas sociales, el hospital regional, los jubilados, los discapacitados cuando fueron avasallados en sus derechos y les recortaron la pensión que tenían. Siempre que hubo una problemática nuestro sindicato fue a la cabeza del reclamo por la defensa de los derechos.
Pasaron muchos gobiernos y nuestro sindicato siempre fue oposición a los que quisieron avasallarnos y llevarse nuestros derechos. Antes era Ríos del PSP, hoy es Bertone FpV que intentan desarmar nuestro sindicato, porque siempre fue oposición, siempre fue luchador, no se casó con ningún gobierno. No hizo como otros gremios que se sentó, tranzó, acomodó, se puso en una posición más cómoda, y más tibia…
A Horacio [Catena], nuestro secretario general, donde haya una causa que puedan armar, se la arman porque lo necesitan fuera de juego. Porque tiene un peso político más que importante, es muy referente de su sector y de otros. No en vano vienen a buscarnos los demás sindicatos. Fue un esfuerzo enorme, lograr y sostener la Unión de Gremios; el paquete de leyes colaboro bastante. Después nos tomaban como referentes de la lucha y (…) venían a preguntarnos, cómo hacíamos las asambleas. (…) te tenías que sentar con los compañeros de otros sectores con otras legislaciones a encontrarle la vuelta, a contarle tu experiencia. Y lo hicimos, fijate como habrá funcionado que tuvo que venir la policía sin orden judicial a levantarnos y a los palazos, con gases y a prender fuego todo. Porque si no, no nos sacaban. Hubiera seguido el acampe ahí.

–¿Cómo logran tanta participación de los docentes?

–Porque nuestro sindicato tiene su motorcito que es el Cuerpo de Delegados. El corazón del sindicato es el cuerpo de delegados. Yo he sido Comisión Directiva en su momento y, terminada mi función, la idea es que vos vuelvas a tu escuela y haya un cambio: un cambio con los demás delegados que quieren participar de la organización para que puedan hacer esa experiencia. Y siempre que estás dentro de la Comisión que trates de estar en un cargo y en el otro laburando, para tener un pie en la escuela y saber la realidad. (…)
Después que terminó el mandato me volví a la escuela como delegada. La función más fuerte, la voz más importante, es la de tu delegado. Porque tu delegado está en la escuela, es el vínculo estrecho con el sindicato. Tenemos plenarios de delegados y el delegado viene con toda confianza a traer lo que la escuela dice. Más de una vez mis compañeros no me han apoyado y consideraron que no había que ir al paro. Y tengo que poner mi mejor carita e ir al plenario con un montón de delegados súper combativos de primaria sobre todo, y decirles bueno: ‘Educación Superior no quiere ir al paro’. Y se arma el debate. Pero un debate rico, sin faltarte el respeto. Cada uno fundamenta su posición y se puede hablar con absoluta confianza; podés hablar y podés plantearlo. Y ver entre todos cómo hacemos con esa escuela que no está queriendo paro y por qué no quiere paro. No es que vas contra esos compañeros. Los delegados son muy activos dentro de su escuela, son referentes, son los que se ponen el colegio a sus espaldas. Son los que tienen ese plus de responsabilidad, porque saben que van a laburar y a la vez tienen que hacer un relevamiento de la problemática que están teniendo sus compañeros. (…) Y el que no es afiliado termina él buscando su fichita porque es un sindicato que funciona, que responde a sus necesidades.

–¿Cómo se resuelve el trabajo doméstico en tu casa?

–Uh! Es difícil la militancia en ese punto por ahí. Pero mi hijo se crio conmigo en la lucha (…). Porque tiene que adaptarse a la realidad (…) y tiene que ver que hay otra situación. Porque sino viven en una nube de nada. Entonces acompaña. Y mi compañero de vida también es un luchador, un militante comprometido. A pesar de eso tenemos un montón de rispideces, pero generalmente comemos todos juntos en las movilizaciones o en la carpa o volvemos todos tarde y terminamos comiendo todos tarde.
Mi compañero es paritario y por ejemplo nos han agarrado paritarias en Semana Santa en Río Grande, lejos de casa, amanecíamos allá. Pero en esto de vivir en solidaridad con mis compañeros, otro de los compañeros te retira el pibe de la escuela porque vos no estás en la ciudad. Y en las cuestiones domésticas nos vamos tratando de acomodar generalmente los fines de semana tratamos de dejar todo ordenado para cuando arranca la semana. Las cuestiones domésticas te cuestan, la limpieza de la casa, acomodarte para ir al supermercado… generalmente vamos y venimos con mi compañero, con berrinches en el medio, es así, per eso no nos impide estar siempre en la calle con nuestros compañeros.