25 de Mayo de 1810: Nuestra Revolución de Independencia

El pronunciamiento del Cabildo en Buenos Aires marca el inicio de una guerra de independencia, prolongada y heroica. Fue parte de los procesos de independencia en la mayoría de los países de Latinoamérica. Sus alcances, límites y enseñanzas.

Batalla de Suipacha (en el actual Dto. de Potosí, Bolivia). Una de las primeras resoluciones de la Primera Junta fue la conformación del ejército liberador. Su primera victoria se produjo en los campos de Suipacha, el 7 de noviembre de 1810.

El 25 de Mayo se produjo el alzamiento que posibilitó que los patriotas impusieran, en el Cabildo, la designación de un nuevo gobierno provisorio, la Primera Junta. Se creó un nuevo ejército liberador, con los soldados y jefes que pasaron al bando patriota y las masas convocadas por el grito de libertad, en el terreno abonado por los anteriores levantamientos de originarios y de criollos. El accionar de estas masas abrió el camino a los ejércitos patrios y empantanó a los realistas, superiores en número y en entrenamiento militar.

La versión dominante sobre nuestra independencia plantea que estuvo determinada por la prisión de Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla en España. Así, en realidad, relativiza o niega la voluntad de independencia y el sacrificio que significó. En definitiva, niega que haya sido una revolución.

Sin embargo, ni el Cabildo de Mayo fue tan pacífico, ni nada de lo resuelto ese día habría prosperado sin la guerra de independencia que duró 14 años. El Éxodo Jujeño y las guerrillas como las dirigidas por Martín Miguel de Güemes son sólo algunas muestras de los heroicos esfuerzos que significó esta revolución en Latinoamérica, hasta la derrota definitiva de los colonialistas españoles en los campos de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.

Alcances y límites

En la guerra de independencia convergieron grandes masas de campesinos, originarios, negros, artesanos e intelectuales. También los sectores de la aristocracia terrateniente criolla que acordaban con la independencia de España aunque defendiendo sus privilegios de clase basados en las relaciones feudales dominantes.

Influenciados por la Revolución Francesa y la independencia norteamericana, los sectores más avanzados –expresados en Moreno, Castelli, Belgrano, Artigas y otros– levantaron programas antifeudales, antiesclavistas, de reparto de tierras y desarrollo de la industria.

Pero eran corrientes débiles desde el punto de vista social, debido al escaso desarrollo de la burguesía.

En definitiva, terminó predominando la aristocracia terrateniente aliada con los grandes comerciantes de Buenos Aires. La hegemonía de esas clases en el frente independentista obstruyó el desarrollo de los elementos democráticos, antifeudales y populares. Esto expresaba por ejemplo Saavedra, que presidió la Primera Junta.

Destruir los lazos coloniales y que el poder pasara a manos de los criollos constituyó una revolución, anticolonial y de independencia. Éste fue el primer jalón para la conformación de la nación argentina.

Luego se constituyó el Estado nacional, tras un complejo proceso de décadas hegemonizado por la oligarquía terrateniente, que incluyó una prolongada y sangrienta guerra civil entre unitarios y federales, el genocidio de originarios y la guerra fratricida contra el Paraguay. Entrando ya en la nueva fase imperialista del capitalismo, hacia 1880 la alianza oligárquico-imperialista hizo de la Argentina un país dependiente, oprimido por los imperialismos y atrasado por el latifundio.

Hoy la Argentina sigue siendo un país dependiente. En la época actual, las tareas de la revolución no son las mismas que las de 1810, ni pueden realizarse por las mismas clases que en ese entonces. Es necesaria la liberación nacional y social, la que solo será posible con la hegemonía de la clase obrera.