Se hizo justicia: condenaron a un pedófilo

Luego de 8 años de lucha, en noviembre fue condenado Sergio Coria a 14 años y 2 meses de prisión por abusar sexualmente de su sobrina Florencia desde los 4 años hasta los 17. El juicio se desarrollo en los tribunales de San Martín, provincia de Buenos Aires, y estuvo a cargo del juez Garibaldi. Conversamos con Patricia, mamá de Florencia.

-¿Cómo recibieron la noticia de la sentencia?

-La noticia de la sentencia la recibimos con mucha paz, muy conformes. Si bien hubo un problema procesal por el cual no tuvimos un tribunal de tres jueces, que podía llevar la pena a 22 o 23 años, el juez le dio 14 años y 2 meses de prisión. La pena máxima para un tribunal unipersonal que es 15 años. Primero tuvimos el veredicto, que fue condenatorio. Pudimos demostrar que lo que nosotros decíamos era real.

-¿Cómo fue el juicio?

-El juicio se desarrollo con total normalidad. Salvo algunas presentaciones provocativas de la parte del imputado. La actitud del juez fue realmente impecable. Hizo que toda esa carga emocional con la que uno llega a un juicio vaya disminuyendo a lo largo de las horas.

-A partir de que Florencia pudo contarte lo que estaba padeciendo, ¿cómo fue el camino que recorrieron para obtener justicia?

-El camino que recorrimos fue muy largo. Cuando Florencia nos cuenta que fue abusada, ella tenía unos 17 años. Nosotros no denunciamos inmediatamente. Por ser un abuso intrafamiliar y toda la conflictividad que conlleva, primero pusimos en tratamiento a Flor, la sacamos del círculo familiar y la alejamos del abusador. Decidimos fortalecerla primero. Pensábamos que si salíamos a denunciar de una, era ocuparnos más de él que de ella. Así fue que apenas nos enteramos acudimos a Avivi, que es una asociación de víctimas de violencia que está especializada en abuso sexual. Ahí nos recibió María Elena Leuci, ahí empezamos a dar los primeros pasos. Los primeros días, los primeros meses, no se que hubiéramos hecho sin la presencia de Avivi, porque hace unos años atrás nadie hablaba de abuso. Ahora es muy común. Hace unos años atrás era un tema tabú. Luego de seis meses, en noviembre del 2010, hicimos la denuncia. Ahí empezó la vía judicial.

-¿Qué respuesta recibieron de la fiscalía?

-Los primeros seis años fueron una tortura. Teníamos a la fiscal Valeria Álvarez. Si bien tomaba cada prueba que nosotros traíamos tenia un enfoque de SAP(*), me decía que la tenía que dejar trabajar a ella. Pero todas las pruebas que figuran en la causa, salvo las pericias, las aporté yo. Ella no investigaba nada. Lo único que sí investigaba eran todas las denuncias falsas de hostigamiento que nos hacía el pedófilo a nosotros. Estoy convencida de que si yo no hubiese recorrido este camino de ir una vez por semana, una vez cada quince días, a aportar pruebas, a sacar fotocopias de la causa, la causa se hubiera archivado.

Sufrimos un gran maltrato institucional tanto yo como mi hija por parte de la fiscalía. Recién al cuarto año de la denuncia lo llaman a él a indagatoria y queda procesado. A los cinco años de la denuncia, con 22 años, le hacen a mi hija una cámara gesell, mas todas las pericias, todas arrojaban lo mismo. Tuvimos varios cambios de fiscal. Tuvimos que denunciar a la fiscal Marcela Costa. Decidimos poner abogado, Avivi nos recomendó a Andrés Bonicalzi. Cuando él toma contacto con la causa entiende que había que pedir la detención urgente. Ahí en febrero del 2016 llamamos a los medios y hacemos una conferencia de prensa en la puerta del juzgado de garantías, vinieron todos los medios y luego la fiscalía y el juez de garantías aprueban la detención. Él se profuga y luego de dos meses queda detenido. Después de esto, en forma automática empieza todo el proceso de elevación a juicio. Pasaron dos años y tres meses hasta el juicio.

-Esa espera, ¿qué consecuencias tuvo en la vida de ustedes?

-Bueno primero el desgaste de tenerme que ocupar de estas cosas que le corresponden a la justicia. Seis años en donde además el abusador hostigaba a mi hija, la esposa de él lo mismo. Montones de agravios de su entorno. Y en el medio de todo esto montones de pericias a mi hija. Parecía que la justicia estaba buscando que ella se contradiga o se equivoque. A ella le trajo trastornos irreversibles. Tuvimos también problemas laborales y económicos. Lo bueno, si querés, es que nos unió como familia. Siempre intentaron decir que todo esto lo hacíamos por envidia de su posición social. Me parece importante mencionar que como consecuencia de esta espera se murieron varios testigos de la causa.

-Sabemos que vienen organizándose con otras familias de la zona que denunciaron abuso sexual en la infancia, ¿por qué decidieron empezar a organizarse?

-Estoy en un grupo con muchas madres de la UFI 14. Yo me vinculo por primera vez de manera organizada después de que la causa se hizo pública. Unos días antes conozco a Sara Barni, que es presidenta de red Viva y a través de ella empezamos a organizarnos, empezamos a conocernos con otras madres. Al principio era un grupo de whatsapp con madres con casos similares pero de distintas jurisdicciones. Luego empezamos a juntarnos con las que tenemos causa en la misma fiscalía. Y empezamos a ver una tendencia a archivar. He leído barbaridades de las peritos, este es el motivo por el cual nos empezamos a acompañar. Fuimos identificando irregularidades comunes a muchas causas. La diferencia con nuestra causa es que mi hija ya tenía 17 años cuando denunciamos y podía explicar bien lo que le había pasado. Cuando los niños son pequeños no corren con la misma suerte.

-¿Qué les dirías a las familias que están atravesando lo mismo que ustedes?

-Nosotros sabemos que somos parte de una minoría extrema, no solo de los que llegaron a juicio, si no que llegando a juicio tienen justicia. Lo que puedo decirles es que no esperen que la justicia defienda a sus hijos. Hay que cargarse la causa al hombro, pedir fotocopias una vez cada 10 días, una vez cada 15, no importa que moleste a la justicia. De esa manera una va haciendo el seguimiento de cada movimiento de la causa. Es la manera de poder después aportar las pruebas que se crean convenientes. Lo mejor es estar conectadas con otras mamás que hayan pasado el mismo proceso. Estar conectadas con otras madres empodera. Vuelvo a decir que cargarse la causa al hombro es fundamental, nadie conoce a nuestros hijos como nosotras, el fiscal tiene la causa de un hijo nuestro como una causa más y para nosotras es LA causa, es la reparación que le podemos dar a nuestros hijos ya que no podemos volver el tiempo atrás. La justicia es la sanación de la víctima, es el reconocimiento por parte del estado de que este tipo es un delincuente y tiene que estar encerrado.

Lo último que quiero decirles es que crean siempre en los chicos, ningún niño, ningún adolescente se levanta de la noche a la mañana fabulando semejante atrocidad. Si nos cuentan, quiere decir que ellos nos eligieron para que los ayudemos a salir de esto. Siempre es más fácil creer que los niños mienten antes que darse cuenta que en tu entorno más íntimo podes tener un violador, un delincuente. Pero lo más importante es creer en primera instancia. Eso repara a la víctima, que el adulto le crea.

 

(*) SAP: El síndrome de alienación parental es una patología que fue inventada por un militar norteamericano, Richard Gardner (pedófilo confeso), para argumentar que un adulto, en general la madre, mete desde afuera la idea del abuso y hace decir al niño algo que no vivió. Esta teoría no tiene ningún fundamento científico y no está permitido su uso en el ámbito judicial en ningún país del mundo. Sin embargo, muchos operadores judiciales fundamentan sus fallos con explicaciones similares al SAP.