El gobierno nacional se apresta a conmemorar el bicentenario de la Declaración de Independencia del 9 de Julio de 1816. En medio de sus políticas de ajuste y represión, el macrismo utiliza el bicentenario al mismo tiempo para reforzar su cada vez menos creíble discurso optimista y para montar una campaña en el terreno histórico vaciando de todo contenido revolucionario e independentista a la fecha.
El Gobierno anunció que no realizarán un mega-evento como el del 2010 y que gastarán la mitad del dinero que gastó el gobierno K, y montan una campaña de tipo festivo para “darle la bienvenida al tercer siglo, el del diálogo, la unidad y la convivencia”. Pero el colmo es la invitación para que sea parte del acto en Tucumán al mismísimo rey emérito de España, Juan Carlos de Borbón. Obama el 24 de Marzo y Juan Carlos el 9 de Julio: si hay algo que no le falta al macrismo es vergüenza…
Frente a esto, analizamos nuestra revolución de independencia desde las tareas revolucionarias del presente. Porque nuestra historia tiene que servir como una herramienta más en la lucha por la liberación.
El proceso revolucionario
La destitución del Virrey y la conformación de la Primera Junta el 25 de Mayo de 1810 marcaron el inicio de una Guerra de Independencia, prolongada y heroica, enlazada con los procesos de independencia a lo largo de toda Latinoamérica. En el terreno abonado por los anteriores levantamientos de originarios y de criollos, se creó un nuevo ejército liberador con los soldados y jefes que pasaron al bando patriota y las masas convocadas por el grito de libertad. El accionar de estas masas abrió el camino a los ejércitos patrios y empantanó a los realistas, superiores en número y en entrenamiento militar.
La versión dominante sobre nuestra independencia plantea que habría sido una mera reacción ante la invasión francesa a España, la prisión de Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla. Así, relativiza o directamente niega la voluntad de independencia, la acción de los grupos revolucionarios y el sacrificio que significó la revolución. En definitiva, niega que haya sido una revolución.
Sin embargo, ni el Cabildo de Mayo fue tan pacífico ni nada de lo resuelto ese día habría prosperado sin la guerra de independencia que duró 14 años. Las batallas en el Alto Perú y en la Banda Oriental, el Éxodo Jujeño comandado por Belgrano y las guerrillas gauchas de Güemes son sólo algunas muestras de los esfuerzos que significó esta revolución, hasta la derrota definitiva de los colonialistas españoles en los campos de Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824.
El 9 de julio
En 1816 Fernando VII había regresado al trono de España y los reforzados ejércitos realistas avanzaban aplastando los procesos revolucionarios en todo el continente americano. Al mismo tiempo, llegaba a su punto más álgido en el Río de la Plata la disputa entre el proyecto de la élite criolla porteña expresado por el Directorio y el proyecto avanzado que encabezaba José Artigas desde la Banda Oriental. Esto últimos en junio de 1815 habían realizado el Congreso de los Pueblos Libres, que reafirmó la decisión independentista.
En este contexto es que el Directorio convocó al Congreso de Tucumán, que inició sus sesiones en marzo de 1816. Fue la presión de los sectores más consecuentemente independentistas como San Martín y Belgrano, frente a las vacilaciones de sectores de las elites criollas, la que logró que finalmente el 9 de Julio se declarara la independencia de España y de toda otra dominación extranjera.
Esta declaración tuvo una gran importancia para reafirmar la Revolución de Independencia en un momento sumamente adverso, tanto en el Río de la Plata como en el resto de Latinoamérica.
Alcances y límites
En la guerra de independencia convergieron grandes masas de campesinos, originarios, negros, artesanos e intelectuales. También los sectores de terratenientes criollos que acordaban con la independencia de España aunque defendiendo sus privilegios de clase basados en las relaciones pre-capitalistas dominantes.
Influenciados por la Revolución Francesa y la independencia norteamericana, los sectores más avanzados de los criollos –expresados en Moreno, Castelli, Belgrano, Artigas y otros– levantaron programas antifeudales, antiesclavistas, de reparto de tierras y desarrollo de la industria. Pero eran corrientes débiles desde el punto de vista social, debido al escaso desarrollo burgués. En definitiva predominó la aristocracia terrateniente, aliada con los grandes comerciantes de Buenos Aires.
Destruir los lazos coloniales y que el poder pasara a manos de los criollos constituyó una revolución, anticolonial y de independencia, y fue el primer jalón para la conformación de la nación argentina. Pero la hegemonía de esas clases obstruyó el desarrollo de los elementos democráticos, antifeudales y populares, y al final de cuentas lastró la propia conquista de la independencia.
Enseñanzas
Tras un complejo proceso de décadas, que incluyó sangrientas guerras civiles, la guerra fratricida contra el Paraguay y el genocidio de los pueblos originarios, a fines del siglo XIX se constituyó finalmente el Estado nacional. Entrando ya en la nueva fase imperialista del capitalismo, la alianza oligárquico-imperialista hizo de la Argentina un país dependiente, oprimido por los imperialismos y atrasado por la persistencia del latifundio, y donde pasaron a predominar las relaciones capitalistas de producción y la explotación de la clase obrera.
La Revolución de Mayo se dio en la época de las revoluciones burguesas, que tuvieron su centro en Europa. La época en que la burguesía y las masas populares se levantaban contra las aristocracias y el sistema feudal, abriendo paso a la consolidación del sistema capitalista. Pero, como dijimos, la hegemonía de terratenientes y comerciantes hizo que las revoluciones de independencia latinoamericanas no fueran de igual tipo.
A comienzos del siglo XX, como analizó Lenin, se abrió una nueva época: la época del capitalismo imperialista y la revolución proletaria, y la Argentina se configuró como un país dependiente. En la época actual, las tareas de la revolución no son las mismas que las de 1810, ni pueden realizarse por las mismas clases que en ese entonces. Hoy es necesaria la liberación nacional y social, la que solo será posible con la hegemonía de la clase obrera, garantía a su vez de la marcha ininterrumpida al socialismo.
A pesar de los que lo quieren vaciar de contenido, el ejemplo de nuestra revolución de independencia sigue siendo un faro para los revolucionarios del presente.






