15 años del Argentinazo

Un camino vigente para terminar con el ajuste y la entrega y para avanzar hacia la liberación nacional y social. Este 20 de diciembre, salgamos a las calles en todo el país.

Este 19 y 20 de diciembre se cumplen 15 años de las jornadas del 2001 cuando una rebelión popular derribó al Gobierno de Fernando De La Rúa que se había impuesto en las elecciones en el año 1999 con la Alianza Radical-Frepaso sobre la candidatura del PJ de E. Duhalde. Fue la primera vez en la historia del país que un gobierno central caía como consecuencia inmediata y directa de un levantamiento popular que no pudo detenérselo a pesar de la represión y el asesinato de 39 trabajadores. Este hecho conmovió las estructuras del Estado y abrió una crisis de representación de los partidos del sistema político, cuyas consecuencias vemos hasta el día de hoy.

Crisis económica, social y política

En el 2001, se llegaba a esas jornadas en medio de una profundísima crisis económica, social y política. El 25% de la población activa estaba desocupada o subocupada; la economía, en recesión desde 1998, había caído un 14% hasta el 2001; la pobreza superaba el 40%; el gobierno ya no conseguía financiamiento para hacer frente a los intereses de una enorme deuda externa que había crecido como bola de nieve desde la dictadura y se sucedían los negociados como el “blindaje” o el “megacanje” de bonos de la deuda promovidos por el FMI. La política de déficit cero fracasaba por la caída abrupta del consumo y el menor ingreso fiscal. Los recortes salariales nominales a estatales y jubilados junto a la crisis bancaria desatada con el “corralito” que impedía extraer dinero de los bancos y la aceleración de la fuga de capitales fue la fase final. La convertibilidad, la paridad monetaria 1 a 1 entre el peso y el dólar, llegaba a su fin.

El gobierno de la Alianza había asumido reprimiendo en diciembre de 1999 la pueblada de la provincia de Corrientes, que junto al Chaco era una de las regiones con mayor pobreza y desocupación del país, provocando 2 muertos. Ya iban varios años de puebladas desde el Cutralcazo de junio del 96 protagonizada por un pueblo de petroleros de YPF despedidos en los años anteriores. Así se sucedieron las puebladas de Cutral-Co, Libertador Gral San Martín en Jujuy, Tratagal-Mosconi en Salta y Corrientes, repitiéndose varias de ellas en distintos años. En el 97 ya se había realizado el primer paro general convocado por la CGT-Moyano con 100 cortes de ruta.

De La Rúa buscaba descargar la crisis sobre los trabajadores y durante todo el año 2000 encaró una reforma de las leyes laborares a gusto de las patronales. Esto terminó con el inicio de la crisis política tras la renuncia del vicepresidente “Chacho” Álvarez a fin del 2000, tras hacerse público la compra de votos en el “Honorable” Senado de la Nación para la sanción de la reforma laboral.

La enorme masa de trabajadores desocupados y en la miseria fueron los protagonistas en estos años de las puebladas y la base para el surgimiento de las organizaciones sociales. Estas organizaciones ya en el año 2000 protagonizaban cortes de ruta prolongados en el Gran Buenos Aires con miles de personas como en el Dock Sur, en la Ruta 36 en Florencio Varela y en la Ruta 3 en La Matanza contra la desocupación y el hambre.

Pero junto al protagonismo en la calle de los desocupados, estaba la angustia, el miedo y la desesperanza de los que conservaban el trabajo, bajo la mayoría de direcciones sindicales de jerarcas traidores que buscaban sostener la gobernabilidad del sistema político. Esto también pesó en el desenlace.

Hacia el desenlace

Hacia mediados del 2001, las clases dominantes y las fuerzas populares sabían que se marchaba a un desenlace.

Se prepararon los planes para un recambio institucional por arriba con los planes represivos para garantizarlo, empujados para salir de la convertibilidad por el sector devaluacionista-exportador de las clases dominantes. Mientras que por abajo se impulsaba la lucha para que tronara el escarmiento en la Casa de Gobierno, pero con una fuerte debilidad de coordinación entre las múltiples fuerzas y la falta de protagonismo de los sectores obreros y asalariados con trabajo.

Así se llega a las elecciones de Octubre del 2001, donde Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde son las espadas con mayor filo que llegan al Senado, siendo castigado el gobierno de la Alianza y todo el sistema político con 10 millones de votos en blanco y nulos.

Diciembre 2001 inicia con la corrida bancaria y el “corralito”, cacerolazos diarios de comerciantes que no pueden pagar sueldos ni proveedores. El miércoles 13 es convocado un paro general de la CGT-Moyano.

El siguiente fin de semana se inician saqueos en el Gran Rosario, el martes 18 se expanden al Gran Buenos Aires y otras ciudades. El miércoles 19 por la mañana los rumores de saqueos invaden el centro porteño. Se habla de la renuncia de Cavallo. Estaba en marcha el recambio institucional por arriba y el plan de “anclaje al terreno” de masas.

La historia argentina muestra que, en una crisis, cuanto más cerca de la Casa Rosada terminan las masas populares, más profundo es el golpe al sistema político institucional.

El estímulo a los saqueos por parte de la SIDE y las fuerzas policiales tuvo como objetivo, además de acelerar el recambio por la obvia ingobernabilidad, anclar a las masas a sus lugares de residencia protegiendo sus bienes y por lo tanto que no pudieran confluir sobre Plaza de Mayo.

El cacerolazo del miércoles 19 a la noche con cientos de miles de porteños en las calles y las miles de fogatas con autodefensas de masas armadas en las esquinas del Gran Buenos Aires pintaban el cuadro de la antesala de la definición del jueves 20 de diciembre.

La convocatoria de diversas fuerzas populares para la mañana del jueves 20 a las rutas y a marchar sobre Plaza de Mayo fue reprimida duramente con detención de dirigentes y decenas de heridos de bala en distintos lugares. Las columnas que pudieron converger sobre Plaza de Mayo combatieron hasta la tarde, involucrando a unos miles de personas. En esas horas se produjeron la mayoría de los asesinatos de compañeros en el centro porteño. Pero la gran masa de trabajadores quedó anclada en sus barrios.

Sobre las 19hs del 20 se conoce la renuncia de De la Rúa. Se desatan festejos. El viernes 21 se reúne la Asamblea Legislativa para elegir a Ramón Puerta presidente provisional y en 10 días más lo sería Eduardo Duhalde que no cerró la crisis política, y Aplicó una devaluación que hachó los salarios y benefició a los monopolios imperialistas, burguesía intermediaria y terratenientes exportadores, con eje en la carne y el trigo principalmente con destino a Europa y Rusia. El asesinato de Kostequi y Santillán en junio de 2002 marcó el principio del fin del duhaldismo en el gobierno.

El desenlace se precipitó en las elecciones de mayo de 2003 donde gana Néstor Kirchner. El kirchnerismo emergió con múltiples acuerdos para luego en el 2005, consolidar su hegemonía. Para esto, se esforzó por interpretar lo que abrió ese gigantesco auge de masas y sus características. No resolvió el conflicto fundamental en un sentido popular, sino que expresó el surgimiento de una nueva hegemonía en las clases dominantes, reorientando la matriz productiva y de exportación (aprovechando la devaluación duhaldista) con eje en la soja y la minería junto al negocio automotriz, manteniendo la dependencia aunque asociándose a China en primer lugar. También sostuvo el saqueo con la deuda externa, hizo acuerdos con Chevrón, instaló una base científico-militar china en Neuquén y en definitiva impulsó un consumo sin sustitución ni desarrollo nacional independiente

Vigencia

Hoy a 15 años y con un gobierno como el de Macri-Cambiemos que lleva adelante un ajuste feroz, cuando algunos “hablan” del Argentinazo del 2001 para confundir a las masas mientras transan una paz social con el gobierno y las clases dominantes junto a los jerarcas de la CGT y la cúpula de la iglesia, los revolucionarios y antiimperialistas traemos el Argentinazo a la actualidad para marcar un camino revolucionario necesario y vigente para derrotar esta política de ajuste y entrega.

Traerlo al presente, pero sobre todo pasarlo en limpio, es fortalecer el proceso de acumulación de fuerzas para la conquista del poder, es también tarea de las fuerzas revolucionarias y antiimperialistas sintetizar las experiencias y trabajar para elevar a un nivel superior lo que se expresa en cada uno de los procesos y conflictos del movimiento popular, conquistando sus organizaciones de masas principalmente del movimiento obrero como nos mostró el Cordobazo del ‘69 para que el frente único popular y antimperialista de todos los que luchan por la liberación nacional y social pueda ser dirigido por la clase obrera en marcha ininterrumpida al socialismo.