Mujeres que enseñan

Trabajan en la escuela, y luego en la casa. A falta de jardines, resuelven como pueden el cuidado de sus hijos, o en algunos casos los llevan consigo al trabajo. Se organizan por su salario y sufren encima la intimidación de los gobiernos. Como millones de mujeres, las docentes han decidido no seguir el lugar que la familia patriarcal les tiene asignado, recluidas en el hogar. Y lo sostienen día a día.

Para ellas el Día Internacional de la Mujer Trabajadora no es una simple conmemoración, sino una jornada de reclamos presentes. Más aun con la discusión paritaria que el gobierno nacional no quiere dar y descarga sobre las provincias, desentendiéndose de uno de los principales sostenes de la educación: sus docentes. Llegamos así al paro internacional precedido por un paro docente nacional.

Charlamos con Ziomara, docente de Santiago del Estero, y Vicky, docente de La Matanza. En sus localidades vienen impulsando la movilización del 8 de Marzo junto con el sindicato. En Buenos Aires está convocada la marcha a Plaza de Mayo; en Santiago habrá también marcha convocada por la Multisectorial de Mujeres.

–¿Cómo se vienen preparando para la jornada del 8/3?

–V: Nos venimos organizando en el marco de la discusión salarial y de la discusión en el cuerpo de delegados, tratando de enmarcar la jornada en todas las reivindicaciones que tenemos como docentes y trabajadoras de la educación.

–Z: El sindicato en el que se encuentra nucleado un gran porcentaje de docentes santiagueños, que es Cisadems, ha aprobado en su asamblea de la semana anterior el paro para el 8 de Marzo. Se impulsa que las mujeres en sus lugares de trabajo organicen cómo va a ser este paro, por una o dos horas. Y también se estaba pensando dictar algunas charlas o clases públicas abiertas en relación a los temas de violencia de las mujeres.

–¿Qué opinan acerca de que Macri hable de “poner fin a la violencia machista”?

–Z: Tiene que ver con que uno de los grandes temas que se viene hablando en todo el país es este paro internacional de mujeres y el recrudecimiento de la violencia. Creo que, de su parte, hablar de detener la violencia machista cuando se está recortando el presupuesto destinado para erradicar la violencia, cuando se están desfinanciando los juzgados de género y cuando ha aumentado el número de las mujeres muertas en manos de sus parejas, es realmente ser hipócrita.

–¿Y sobre su propuesta educativa?

–V: La “revolución educativa”, que plantea con nombres siempre tan rimbombantes el presidente, realmente tiene un grado de ridiculez importante. No solo está avanzando en la precarización docente con planes socio-educativos que ya existían de gobiernos anteriores, sino que lo está profundizando permitiendo que por primera vez ingrese de manera muy fuerte la precarización y la tercerización laboral en la educación.

–Z: Volvemos a ver lo mismo que se han visto en todas las presidencias en lo que era la apertura de la Legislativa. Teníamos una presidenta y hoy tenemos un presidente que habla con total desdén sobre lo que es realmente la tarea docente. Nosotros en Santiago tenemos un básico de 2.900 pesos. Es un básico miserable.

–¿De qué forma se expresa el machismo o la opresión a las mujeres en tu lugar de trabajo?

–Z: Tenemos una gran cantidad de población que opta por la docencia y dentro de eso la mayoría somos mujeres, que tenemos en la docencia una posibilidad de un sueldo dentro de todo seguro con obra social y aporte previsional. Pero aun así nos deja en una situación precaria. Porque el hecho de trabajar no te desliga de las tareas domésticas. Cumplimos entonces una doble jornada de lo que es el trabajo en la escuela y después en la casa. Si a esa situación le sumamos cuando una docente enseña en el interior, la situación de opresión empeora todavía porque la mujer para poder ir a trabajar debe dejar a sus hijos en cualquier lugar. Muchas veces recurriendo a algún familiar o a algún vecino. Porque son grandes las distancias para poder llegar. Hay muchas docenes que se van el lunes y vuelven recién el viernes, abandonado prácticamente sus familias porque es la única posibilidad de poder sostener la situación económica.

–V: Los docentes tenemos una normativa que aun hoy está bastante lejos de ser igualitaria para hombres y mujeres. Partiendo de las licencias que tenemos frente a la maternidad, que implica tres a cinco días para los varones y tres meses desde la fecha de parto probable para las mujeres en provincia, ya partimos de una desigualdad de depositar en la mujer la mayor carga y la mayor responsabilidad del cuidado del hijo.

–¿Cómo resuelven las docentes el cuidado de sus hijos?

–Z: En la provincia [de Santiago del Estero] no existen jardines maternales subvencionados por el Estado para que las mamás que trabajen puedan dejar ahí a sus hijos. Para resolver este problema, de las mujeres que somos docentes un porcentaje muy chico los deja a cargo de sus parejas; la mayoría recurre al resto de la familia o a algún jardín privado. O bien llevándolos a sus lugares de trabajo. Ésta es una de las realidades que sufren particularmente las maestras en el interior cuando los chicos son muy chiquititos y no los pueden dejar en la ciudad. Lo que hacen es llevarlos consigo al campo; y tenerlos ahí en situaciones precarias porque la mayoría de las escuelas del interior no cuenta con los servicios necesarios. No cuentan con agua y luz corrientes muchas todavía. Son escuelas ranchos y los lugares que los docentes tienen para vivir allí están en esas condiciones.

–V: La gran mayoría de los docentes, en la medida que pueden conseguir, dejan sus hijos en un jardín maternal, que no abundan sino que faltan. Es una gran falencia que tiene el sistema educativo respecto a los jardines maternales. Aún hoy no se puede cumplir con la gran demanda que existe para cumplir con la ley 26.206 de la educación obligatoria desde los tres años y los docentes nos encontramos en ese punto mandando, los que pueden o los que no les queda otra, a jardines maternales pagos.

–¿Cómo resuelven las tareas domésticas en tu casa?

–V: Siempre se resolvieron de forma equitativa. Con la maternidad, dar la teta la convierte a una en algo imprescindible. Entonces se hace difícil la combinación de la doble jornada laboral. El trabajo fuera de casa, el trabajo en la casa y la lactancia son difíciles de congeniar. Más aun en el marco además de toda una serie de estereotipos que existen en la sociedad sobre lo que una mujer trabajadora, madre, tiene que cumplir. Porque existen, por ejemplo, publicidades que promocionan una maternidad en la que es posible tener la casa arreglada, el pelo arreglado y la vida ordenada… Y eso no es así aunque las tareas domésticas se compartan.