La imagen es elocuente: un militar colocándole una banda presidencial a la senadora Jeanine Añez, autoproclamada presidente de Bolivia. El hecho ocurrió el 12 de noviembre sin que haya siquiera una sesión parlamentaria que acepte la “renuncia” de Evo Morales y designe la sucesión, tal como establece la Constitución. Previamente, Añez se había autoproclamado presidente del Senado, también sin quórum alguno. Al día siguiente vimos las imágenes de la policía impidiendo el ingreso de la senadora Adriana Salvatierra, presidenta del Senado hasta el momento del golpe e integrante del MAS. El MAS tiene quórum propio en ambas cámaras, pero el voto del pueblo fue decididamente violado por las fuerzas armadas, de seguridad y los grupos facistas civiles conducidos por Camacho con apoyo de Mesa.
“Sugerimos al presidente del Estado que renuncie a su mandato”, fueron las palabras elegidas por el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de Bolivia, Williams Kaliman el domingo 10. El mismo mensaje dio Yuri Calderón, comandante de la Policía Boliviana, luego de que esta fuerza se haya autoacuartelado dejando zona liberada para la quema de la casa de la hermana de Evo Morales y todo tipo de acciones por parte de grupos civiles golpistas y racistas hasta llegar a la irrupción de Camacho en la sede de gobierno para “devolver a Dios al Palacio Quemado” y jurar que “La Pachamama nunca volverá al Palacio”. Esa misma madrugada, la OEA había apresurado su informe “preliminar” en el que recomendó “otro proceso electoral” con “nuevas autoridades electorales”. En este contexto, Evo Morales había sido obligado a renunciar.
“Queremos preservar la vida de los bolivianos”, expresó Evo Morales Ayma al momento de anunciar su renuncia por la tarde de ese domingo. También lo hizo el vice, Álvaro García Linera, quién remarcó: “El golpe de Estado se ha consumado”. Evo denunció incluso el secuestro de ministros y sus familias para intimarlos a que renuncien. Días antes se habían conocido las agresiones a la alcaldesa oficialista de Vinto, Patricia Arce, quien fue secuestrada, bañada con pintura roja, su pelo cortado, paseada por las calles y obligada a arrodillarse, para luego ser soltada.
Carta blanca para matar
La presidenta de facto Añez asumió prometiendo ser un gobierno de transición. También anticipó que designarán un nuevo Tribunal Supremo Electoral “con gente meritoria”. Antes de designado, Añez ya anticipó su resolución: no permitir la candidatura de Evo Morales. En verdad, este Tribunal debería ser elegido por el Congreso, con mayoría del MAS. Pero evidentemente los detalles constitucionales ya no cuentan.
Su otra resolución en nombre de la democracia y la Biblia fue apresurarse a “renovar” la cúpula militar. “Les deseo que tengan buena coordinación y que Dios los ilumine”, afirmó en el acto. Inmediatamente, la policía salió de su autoacuartelamiento para reprimir la movilización popular contra el golpe. Sobrepasada, recibió la “coordinación” de las fuerzas armadas, que incluso utilizó a sus aviones con vuelos rasantes como un intento amenazante y persuasivo. Y aparecieron las balas de plomo contra los manifestantes…
El viernes 15 se produjo la mayor matanza. En Cochabamba, 9 personas murieron alcanzadas por las balas. Los muertos suman ya al menos 30 personas. La policía que había dado zona libre a los grupos antievo ahora reprime salvajemente. Y las Fuerzas Armadas que habían pedido la renuncia del presidente Evo en nombre de la “pacificación”, ahora se manchan con la sangre del pueblo. Ese mismo viernes 15, la presidente de facto había establecido por “decreto” que el personal militar “estará exento de responsabilidad penal cuando en cumplimiento de sus funciones constitucionales, actúen en legítima defensa o estado de necesidad”. Así se impuso por ahora el gobierno de facto.
Por su parte, el MAS se muestra abierto al diálogo para encaminar un proceso electoral. Evo Morales afirmó no tener intensión de presentarse. Y siguen las movilizaciones contra el golpe.





