Editorial | Sigue la lucha para que no vuelvan

El repunte relativo del Frente de Todos en las elecciones desinfló el golpe parlamentario que preparaban Cambiemos y los liber-fachos. Sigue la pelea desde el Frente de Todos para que no vuelvan. El acuerdo con el Fondo es una trampa que acorrala y debilita al gobierno. Los monopolios, las deudas a bonistas y al FMI alimentan la inflación. Hace falta más control de precios, enfrentar el contrabando, la fuga de capitales y una reforma impositiva. Aumento general de salarios, jubilaciones y programas. Bono de fin de año.

El repunte relativo del Frente de Todos en las elecciones alcanzó para desinflar el golpe parlamentario que preparaban Cambiemos y los liber-Fachos de Milei y Espert. Aunque la diferencia en votos fue grande, de 8% del total de votos, la primera minoría en Diputados y del Senado sigue en manos del Frente de Todos, aunque se perdió el quórum en la Cámara Alta.

En la Provincia de Buenos Aires el margen se achicó a un 1%, y el peso en la tercera sección electoral permitió compensar a la oposición en los distritos del interior y pasar a tener paridad en la Cámara de Senadores, donde mediante el desempate de la vicegobernadora, se podrán aprobar los proyectos que venían trabados, lo que fue festejado por el gobernador Kicillof.

Aun con el repunte que significó dar vuelta la elección en Tierra del Fuego para ganar por 11%, y ganar Chaco por 2%, no es menor haber perdido en Santa Fe, La Pampa y Chubut donde se elegían senadores además de diputados. Además se perdió en San Luis, Entre Ríos y Santa Cruz. Todas éstas, provincias en que había ganado el Frente de Todos en 2019. Como en Tucumán, Catamarca, Formosa, La Rioja, San Juan y Santiago del Estero, donde volvió a ganar. En Tucumán y San Juan, Cambiemos se acercó peligrosamente a solo 2% del Frente de Todos. En Salta volvió a ganar un frente que mantienen acuerdos con el gobierno nacional. Además, Cambiemos ganó en Caba, Córdoba, Mendoza, Jujuy, Corrientes, Río Negro y Misiones.

Votó un 71% del padrón, solo un 4% más que en las Paso. El resultado significa una importante derrota para el Frente de Todos, morigerada porque Cambiemos, que soñó con arrasar y erigirse presidencia de la Cámara de Diputados para iniciar la caída del gobierno “en una transición ordenada” como dijo Macri, pero no pudo. Y con esto el Frente de Todos se mantiene como fuerza en el gobierno. También porque las internas en Cambiemos se han tensado públicamente, principalmente entre Larreta, que promovió y arriesgó el enroque de candidatos para bloquear a Macri y Bullrich, que por su lado trabajaron para trasvasar votos a Milei y Espert y dificultar el triunfo de Santilli y mermar los votos de Vidal. Por otra, parte los radicales que gobiernan Jujuy, Mendoza, Corrientes, numerosas intendencias y traccionaron votos con Manes en la Provincia de Buenos Aires, reclaman otro rol en la coalición. Tanto la mayoría de los radicales, como también en Larreta, se oponen a incorporar a Milei y Espert a Cambiemos en sus planes hacia 2023.

¿Por qué perdió el Frente de Todos?

Llevamos cuatro años desde que se desató la crisis abierta y se aceleró el proceso inflacionario a fines de 2017. Ya un 40% de la población está bajo la línea de pobreza y más de la mitad de los niños son pobres. La pandemia agravó la situación. La foto de Olivos, las formas de doble comando presidencial, el alineamiento diplomático en medio de una creciente bipolaridad y aún la inseguridad y el narcotráfico no alcanzan para explicar cómo se pasó de ganar por 8% en 2019 a perder por 8% en 2021.

La inflación siguió talando el poder adquisitivo y se aceleró en la medida que se sale de la pandemia. El gobierno tardó en reaccionar a un proceso inflacionario. Con el control de precios, aún tarde, apareció reconociendo el problema y apuntó a algunos de los culpables en vez de asumir por ellos la responsabilidad. La lenta reactivación en algunas ramas no necesariamente se traduce en mejoras salariales o nuevos puestos. Con salarios en muchos gremios por debajo de la línea de pobreza, los programas de asistencia económica de medio o un salario mínimo vital y móvil, por contraste, se volvieron un elemento de enojo para muchos que no los reciben.

¿Quién es la “fábrica de pobres”?

La dictadura legalizó muchos de los mecanismos de timba y fuga financiera que desde ahí sufrimos, empezando por la deuda pública y la fuga de dólares. Tras las privatizaciones menemistas de los ‘90, consumidas las indemnizaciones de los trabajadores de YPF, Ferrocarriles Argentinos y demás empresas, la desocupación saltó a 2 dígitos y nacieron “los planes” como paliativo aconsejado por el Banco Mundial.

El proceso de sojización y primarización acentuado tras la salida de la convertibilidad hace 20 años se consolidó motorizado por la demanda asiática, y la actual suba de los precios internacionales lo presenta encima como la gran panacea que generó más de 10 mil millones de dólares de superávit comercial del país el año pasado. Pero, mirado desde el conjunto de la sociedad, es “la fábrica de pobres” que despobló el campo y alimento aún más los cordones de pobreza alrededor de las ciudades.

Muy poco del proceso de privatización menemista se ha revertido, y con el Estado prácticamente afuera de la producción y los servicios públicos, la economía está principalmente en manos de monopolios y pools mayormente de composición accionaria extranjera. Esto tiene una reflejo, en muchos casos directo, en los gobiernos provinciales, de Cambiemos, Schiaretti o los partidos provinciales y también del peronismo.
Consolidado este “modus operandi” financiero-productivo, en 2008 se desató el conflicto por la renta extraordinaria. Ganaron los sojeros con el voto de Urquía y Cobos. El recién electo Jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri aprovechó el conflicto para proyectarse nacionalmente y embanderarse, dando lugar a la unidad política de los monopolios de la ciudad y los pooles de siembra y monopolios exportadores del campo. Y así fue sumando a radicales y ex radicales como Carrió, Stolbizer y luego peronistas duhaldistas, y demás yerbas hasta sumar al propio Pichetto. Las huellas digitales de Macri y González Fraga en Vicentín grafican nuevamente la impunidad de este “modus-operandi” financiero-productivo.

Vaca Muerta evitó el colapso energético antes de que fuera imposible gastar 20.000 millones de dólares en importar petróleo, pero sumó un nuevo componente extractivista al esquema productivo, motorizado por la exportación de crudo.

El menemismo, tal como lo soñó Alsogaray, con las privatizaciones asestó un golpe esencial al peronismo. Lo privó de la base económica estatal que conformó entre 1945 y 1955, y que aun dañada sucesivamente, perduró hasta los ‘90. La convertibilidad pasó, pero las privatizaciones y los planes de asistencia quedaron; y a eso se le sumó tras el 2001 la sojización y el extractivismo.

Tras un período de recomposición del consumo y superávits, la crisis de 2009 marcó el punto de inflexión. La estatización de las AFJP permitió ampliar el gasto y subsidiar a la industria. Pero no es una fuente de recursos renovable. Entonces a 40 años de la dictadura, a 30 de las privatizaciones y a 20 del boom sojero: ¿Cómo no va a haber 40% de personas bajo la línea de pobreza con 50% de niños pobres?

Lo que el gobierno de Todxs pagó electoralmente

Si el gobierno de Todos pudo afrontar la pandemia con relativo éxito, fue gracias a que perdura en Argentina un extendido sistema hopitalario estatal. ¿Qué hubiese sido si todo dependiera de las prepagas?

El gobierno fue audaz con las ATP para proteger a las pymes y la industria en general durante la pandemia. Y avanzó en el control estatal de IMPSA y Tandanor. Pero la impotencia gubernamental para controlar los precios y la economía se pagó electoralmente, sumada a un Estado que en vez de volver a meterse de lleno a organizar la producción, se limita principalmente a paliar las consecuencias de las privatizaciones. Y como siempre la asistencia es despareja y se concentra en el conourbano. Sobre esto te montan la campaña de bajar impuestos y gasto público, mientras festejan impunes el robo de 300 millones de dólares para Vicentín que próximamente sea Glencore (Francia) y votan contra el impuesto a las grandes fortunas.

Sin oponerle un proceso de desprivatización que ponga al Estado como motor de una política industrializadora, el “modus operandi” financiero-productivo imperante monopoliza y castra cualquier perspectiva de progreso económico-social general. Más cuando el mundo parece encaminarse a un nuevo ciclo de crisis del capitalismo global. La deuda en bonos y con el FMI agregan un lastre insostenible. Ante esa perspectiva los formatos de “voto castigo” crecieron por derecha y por izquierda. Una parte del voto que Cambiemos hoy festeja es tan volátil como el 16% que perdió el Frente de Todos y los que no fueron a votar. A algunos “lúcidos” reaccionarios comienza a preocuparles la ingobernabilidad. Para eso ya vendrán con alguna propuesta represiva.

La pulseada desde el Frente de Todos para que no vuelva Cambiemos sigue, al mismo tiempo que se abre el debate de cuál debe ser la política para derrotarlos. Es un debate de masas y que asumimos coma parte de la acumulación de fuerzas revolucionarias y que es necesario hoy hacerlo desde adentro del Frente de Todxs.

La convocatoria del gobierno a discutir el acuerdo con el FMI

Alberto Fernández convocó a la oposición a discutir en el parlamento el proyecto de presupuesto plurianual que enviará al Congreso como parte de la negociación con el Fondo, que tiene fecha de vencimiento en marzo de 2022. El FMI no se mueve de devolución en 10 años, mantener las tasas de 4% y exigirá un margen de brecha entre el dólar “blue” y el oficial que implicaría una fuerte devaluación de salarios y jubilaciones. El acuerdo con el Fondo es una trampa que acorrala y debilita al gobierno.

Hasta donde se conoce Guzmán presentará un presupuesto con expectativas de alto crecimiento sostenido por 10 años de manera de “mostrar” que la economía argentina está en condiciones de devolver la deuda de 45.000 millones en 10 años, solo recortando parte del subsidio energético mediante segmentación, sin recortar jubilaciones y otros rubros. Cambiemos ya anunció que solo va a votar presupuestos ya acordados con el Fondo. CFK no desmintió el aval a la iniciativa que confirmó Alberto Fernández, pero es un aval en silencio a la espera del resultado. Bajo esta condición de riesgo, y acto del 14 de noviembre mediante, la centralidad del gobierno la pasó a tener exclusivamente Alberto Fernández.

La presión para cerrar a como de lugar es de parte de los monopolios y bancos que pretenden así volver a acceder al crédito externo y a abrir más el cepo de la mano del Fondo para poder fugar dólares. ¡La misma historia de siempre que nos trajo hasta acá!

La realidad es que la deuda de Macri y el FMI no pasó por el Congreso y violó el propio estatuto del FMI en cantidad y en fuga “descontrolada”, explícitamente vedada para este tipo de préstamos. Juán Grabois del Frente Patria Grande ya anunció que los dos diputados de esa fuerza no votarán el acuerdo con el FMI, a menos que contemple la improbable implementación de un salario universal para alrededor de nueve millones de personas.

Son las remarcaciones de los monopolios, las deudas a bonistas y al FMI los que alimentan la inflación. Hace falta más control de precios, enfrentar el contrabando, la fuga de capitales y una reforma impositiva. Y para no perder frente a la inflación: aumento general de salarios, jubilaciones, programas y un bono de fin de año.