El Pentágono yanqui recorrió América Latina

El ministro de Defensa de los Estados Unidos, general James Mattis, visitó Brasil, Argentina, Chile y Colombia. “El objetivo es ser socios de otros militares en la región, algo muy transparente, nada escondido”, dijo el ministro a los periodistas que viajaban en el avión que lo llevó desde la Base Andrews hasta Brasilia.

Sin embargo, el dato curioso fue su expresión, en ese mismo viaje, de que “existe más de una manera de perder soberanía en este mundo… puede deberse a países que llegan con regalos o préstamos” (Clarín, 13/8). Según interpretaron los presentes, la referencia fue para China, que viene ganado peso en relaciones comerciales, préstamos e inversiones en América Latina. Luego su subsecretario adjunto, Sergio de la Peña, ratificó esta versión al afirmar: “Nos preocupa que China tiene una forma de hacer negocios que no necesariamente responde de la mejor manera posible a los intereses de nuestros socios en el hemisferio (…) Son generosos con sus préstamos pero si no puedes pagar conseguirán a cambio algún tipo de compensación” (Efe).

Las citas muestran dos cosas: por un lado, la preocupación yanqui por la penetración del imperialismo chino en la región, que disputa la histórica hegemonía yanqui; por el otro lado, el reconocimiento de la deuda externa como un instrumento de dominación de países dependientes. Este cuestionamiento a China es también, en verdad, un reconocimiento del esquema extorsivo que realiza EEUU hace largas décadas. Y es precisamente lo que está ocurriendo con el crédito stand-by del FMI.

Más en particular, el interés yanqui en Brasil sería la base aeroespacial brasileña de Alcántara, de gran valor estratégico, precisamente cuando Donald Trump lanzó la creación de Fuerzas Espaciales (¿en disputa con China y Rusia?). Esta base estaba bajo el control de EEUU desde 2000 a 2005, pero su presencia terminó durante el gobierno de Lula da Silva. Ahora con Michel Temer, el Pentágono quiere revertir reinstalarse en la base, que tiene radares, una pista de aterrizaje y un puerto marítimo.

En Argentina, China había instalado ya una base aeroespacial en Neuquén con el gobierno kirchnerista. La contrapartida yanqui, con el gobierno macrista, fue la instalación de una base “humanitaria” en esa misma zona, pegada a Vaca Muerta. Macri autorizó además una base en la Triple Frontera (Misiones) y otra en Ushuaia (Tierra del Fuego), todas de importancia estratégica.

Otra satisfacción para el militar yanqui sería el cumplimiento por parte de Argentina de compromisos asumidos en Miami el 9 de febrero último, cuando el ministro Aguad y la ministra Bullrich acordaron con el Comando Sur yanqui la instalación de tropas militares en La Quiaca, en la frontera con Bolivia. Esto fue justificado por el presidente Macri como una forma de apoyo logístico a las fuerzas de seguridad o defensa de zonas estratégicas. Pero también puede significar un mensaje para el presidente Evo Morales, enfrentado a EEUU, quien de hecho respondió: “No nos vamos a asustar”.

Tras el viaje, James Mattis no ocultó su alegría: “Si bien Argentina se había apartado durante varios años de sus leales socios y amigos, hemos regresado al camino del cual no debemos apartarnos nunca más” (Sputnik Mundo, 22/8).

Todas estas bases, militares más allá de cómo son presentadas, no sólo dañan nuestra soberanía sino que ponen en riesgo la paz a la que estamos acostumbrados en América Latina.