Inmediatamente luego de la firma del acta comenzó un muy fuerte debate de balance entre los trabajadores. Algunas agrupaciones –principalmente la agrupación Naranja en ATE que impulsa el PO– empujaron el rechazo a la misma por considerarla un retroceso para la lucha.
El principal argumento que esgrimieron era que no se respetaba lo que se había votado en asambleas de que la única aceptación de negociación era la reincorporación de todos los despedidos. Si bien en la mayoría de las asambleas se votaron consignas así, este rechazo perdía de vista lo importante de lograr que se permitiera a los despedidos entrar, circular por el predio, charlar entre todos los compañeros de trabajo y realizar asambleas por sectores para poder fortalecer aún más la unidad frente al conflicto.
Este debate fue en parte resuelto la misma noche de la firma del acta en una asamblea muy grande, en la cual cerca de 600 trabajadores votaron por mayoría aceptar el acta-acuerdo porque resultaba en un avance que permitiría sumar fuerzas y mayor unidad. Las asambleas posteriores, aún más masivas, ratificaron en los hechos lo justo de haber dado este paso.







