¿Se podría producir aquí la chapa ancha para gasoductos?

SOMISA, cuando teníamos industria siderúrgica verdaderamente nacional.

Detrás de la polémica que se desató con la salida del ministro Kulfas, aparecen varios temas de interés que vale la pena analizar. Uno de ellos es la capacidad de la industria argentina de producir la chapa para fabricar los caños para gasoductos. En el caso del gasoducto Néstor Kirchner, ya se licitaron los caños. Los más grandes tienen 2,87 metros de circunferencia (36 pulgadas de diámetro). Se presentó solamente el grupo Techint a través de su controlada SIAT, con planta en Valentín Alsina, Buenos Aires. Aparentemente una empresa china compró los pliegos pero no presentó oferta. La chapa que se requiere es chapa ancha de manera hacer una sola soldadura. Techint la importará de Brasil, de una empresa en la que es socio.

La mencionada por Kulfas Laminados Industriales, subsidiaria del grupo italiano Beltrame, produce chapa ancha en Villa Constitución (Santa Fe), pero de ancho máximo de 2,5 metros. Aunque recientemente certificada para uso naval, su ancho no permite una sola soldadura para caños del diámetro señalado. Lo importante para poner el foco en la soberanía industrial es recordar la historia del laminador para chapa ancha que Argentina llegó a tener pero hoy no tiene, obligando la importación de Brasil.

En 1975, con el objetivo de dejar de importar chapa ancha que exigía la disponibilidad de divisas y afectaba la balanza comercial (tal cuál hoy sucede), la siderúrgica estatal SOMISA contrató a un consorcio japonés para construir y montar, en un plazo de tres años, un laminador de chapa ancha y un segundo laminador de chapas en caliente para alimentarlo.

El objetivo era abastecer la totalidad de la demanda interna de aceros planos y complementar la de no planos. Los laminadores fueron recibidos a fines de 1976. Pero su montaje se paralizó a fines de 1977, ya en dictadura.

Entre otras causas, la falta de financiamiento a SOMISA demoró su instalación. La reformulación de los planes de expansión hizo que el laminador nunca se instalara, aunque la dictadura y el posterior gobierno radical anunciaron la reactivación del proyecto de montaje del nuevo laminador de chapa ancha. Sin dudas faltó decisión política para avanzar en un proyecto que aseguraba ahorro de divisas y aumento de capacidad industrial. Así, el tren laminador quedó en depósito hasta la privatización de SOMISA. El gobierno menemista lo ofreció sin éxito en subasta en el proceso de privatización. Finalmente fue vendido a Techint dentro del proceso de compra de SOMISA a precio de regalo.

En definitiva, durante veinte años la industria argentina importó chapa ancha a pesar de tener un laminador propio en depósito sin instalar. Después de vendido a Techint, este grupo decide no solo no instalarlo sino sacarlo de nuestro país definitivamente. Ahora, casi 50 años después, vuelve a la superficie la falta de capacidad para fabricar chapa ancha en Argentina, que en realidad es un emergente de la falta de políticas públicas sostenidas para fortalecer las capacidades industriales y la soberanía nacional.