Sí, necesitamos la Junta Nacional de Granos y de Carnes

En un programa de TN, Felipe Solá hizo referencia a la necesidad de fijar desde el Estado el precio de la harina y la concentrar la comercialización del trigo, como hizo la Argentina hasta el gobierno de Menem. Así, sin mencionarla explícitamente, aunque dejando en claro a qué se refería, recordó la experiencia de la Junta Nacional de Grano y de Carnes. El objetivo: que el pueblo no tenga que comprar alimentos (pan y pastas en este caso) a precios dólares, cuando son producidos por salarios en pesos. Pero rápidamente salieron las respuestas de sectores agropecuarios…

La Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (CARTEZ) expresó su “enérgico rechazo a las expresiones del diputado nacional” y agregaron: “Si se pretende proteger al pueblo argentino fomentemos la producción en lugar de pensar permanentemente en castigarla”. “Pensar en una Junta Nacional de Granos es una idea del siglo pasado que terminó fracasando estrepitosamente en nuestro país y en todo el mundo e implica reeditar el monopolio estatal en el comercio de granos”, concluyeron. También en Clarín aparecieron los escribas que plantearon que “La unificación cambiaria de los 90 (mismo dólar para comprar que para vender) impulsó una profunda revolución tecnológica” (Clarín, 23/8). Claro que ninguno hizo mención alguna al rotundo fracaso que viene implicando la liberalización de la economía, llegándose incluso a quitar la obligación de rendir en el país los dólares de las exportaciones y alcanzando más de un 30% de pobreza.

Para ser más precisos, una Junta Nacional de Granos no cambiaría el libre comercio de granos por el monopolio estatal. Porque en verdad el monopolio de comercialización hoy ya existe, aunque en un puñado de monopolios que son los que imponen el precio no sólo al pueblo en general sino también a los productores agropecuarios. En 2018, según datos del Ministerio de Agroindustria, Argentina exportó cerca de 69 millones de toneladas de granos, harinas y aceites. Cargill despachó el 14% del total; ADM Agro, el 11%; Bunge, el 10%; COFCO, 9,9%; Aceitera General Deheza, un 9,7%; Vicentín, un 6,5%. Es decir: entre las primeras seis empresas de este ranking suman más del 60% del total. Y las primeras diez ¡el 90%! Es decir, cuando se defiende el “no intervencionismo”, están defendiendo que estas diez empresas fijen los precios para todo el pueblo.

En 1945, cuando Perón llegó a la presidencia en 1945, la Junta Nacional de Granos ya existía. Lo que hizo Perón fue constituir el Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio (IAPI). Con ambos instrumentos, no sólo fijaron un precio para los productos de consumo popular, sino que mejoraron de inicio el precio que se pagaba a los pequeños y medianos productores. Esta Junta puede servir, además, para negociar en mejores términos el precio de exportación.

El mismo análisis puede hacerse para cada rubro de la producción que consume el pueblo. Por eso, es correcto insistir con la Junta Nacional de Granos y de Carnes como una medida en camino a resolver las necesidades populares. Incluso, dado el avance de la agroindustria, hubo quienes propusieron rebautizar este histórico organismo como Junta Nacional de Alimentos.