Trabajo en el año de la pandemia

En un año signado por la pandemia del Covid-19, y la crisis mundial agudamente profundizada como consecuencia, resulta indudable que las y los trabajadores y el pueblo en su conjunto han sostenido y sostienen mayormente con su esfuerzo las políticas sanitarias y sociales instrumentadas desde el gobierno de Todxs. Desde ya los que más pusieron el cuerpo fueron los trabajadores de la salud, del transporte, los supermercados y también los de las industrias que nunca pararon como las de la alimentación.

Salario
Luego de 4 años de gobierno macrista, el salario real de las y los trabajadores había caído fuertemente. Sólo en los últimos dos años, el poder adquisitivo de los salarios sufrió una caída de 10%; y si se lo compara con el salario de fines de 2015, casi se duplica esa caída (según los datos del propio Ministerio de Trabajo). En este sentido, el aumento por Decreto de $4.000, a comienzos de 2020, implicó en ese momento un incremento del salario real entre un 4% y un 6%.

Pero la pandemia vino a trastocar todo, comiéndose rápidamente ese aumento, comenzando nuevamente un declive. La contracción del empleo y las suspensiones que utilizaron como herramienta ante la pandemia amplios sectores de la economía y la industria, provocaron seis meses consecutivos de caída de salario real. Recién en el mes de septiembre, comparado con septiembre de 2019, se registra una leve baja del 0,2%, manteniéndose casi estable, según los indicadores que arroja el Ministerio de Trabajo.
Aún en este marco, se logró sostener la institución de la Paritaria como herramienta para la discusión tanto salarial, como de condiciones de trabajo.

De los sectores con aumentos salariales, los más afectados fueron aquellos que dependen de las arcas del Estado.

La pandemia y el Teletrabajo
La pandemia no solo trajo consecuencias a nivel salarial, sino que produjo una aceleración en la transformación del trabajo. Millones, de la noche a la mañana, sin preparación ni herramientas necesarias, tuvieron que trasladar el trabajo a sus hogares. Las vidas familiares se vieron trastocadas. Se produjo una transferencia de costos de las empresas a los bolsillos de las familias. En este contexto, resultó un gran avance la aprobación de la ley de Teletrabajo o trabajo remoto, con gran impulso de legisladores y legisladoras de extracción obrera y trabajadora (ver principales aspectos de la ley en: https://cr-alfrente.org/regulacion-del-teletrabajo-un-paso-importante/).

Prohibición de despidos
Al comienzo de la pandemia, y ante la rápida reacción del Gobierno de Todxs de implementar la cuarentena como medida sanitaria efectiva, algunos sectores más rancios del empresariado vinculados a AEA (Asociación Empresaria Argentina) pugnaba por “abrir la economía” a costa de la muerte de las y los trabajadores (repitiendo el fatal ejemplo de Pérgamo, Italia). Paolo Rocca encabezó esta embestida con el despido de 1450 trabajadores de su empresa Techint. Un gran y merecido repudio popular instantáneo colmó las redes sociales, condenando el hecho. El propio Alberto Fernández catalogó de “miserable” a la medida y a su ejecutor, y decretó la prohibición de despidos, sumando ésta a una cantidad de medidas tendientes a mantener el empleo y la actividad, llegando a sostener hasta el 50% de los salarios del sector privado.

Aún en esta situación con prohibición de despidos, se registra en lo que va del año una baja en los indicadores de empleos. Esto se expresa especialmente en la tasa de entrada laboral, que se encuentra estancada en su nivel más bajo. Tal es así que los nuevos empleos no llegan a compensar ni siquiera la pérdida de puestos por jubilaciones y retiros. También el número de inscriptos al IFE desnudó la precariedad laboral y la desocupación.
Todos los indicadores económicos mostraron en abril de 2020 su punto más bajo, con caídas entre un 40% y un 100% (por ej. automotriz). Desde ahí, las nuevas habilitaciones trajeron aparejada una mayor recuperación. De seguir la tendencia, se espera también una mayor creación de empleos.

La recuperación de la economía tiene también necesariamente que venir aparejada de incrementos salariales que robustezcan el mercado interno. Queda aún pendiente la segunda pulseada paritaria y con ella quedará configurado el escenario para adelante. Los y las trabajadoras no pueden seguir siendo los que siempre cargan con el peso de las crisis. Por eso, la reciente aprobación del impuesto a las grandes fortunas es una bocanada de aire y pone en perspectiva al movimiento de trabajadores que lo peleó y ganó en las calles.