25 años de las luchas estudiantiles contra la Ley de Educación Superior

Este año se cumplieron 25 años de la promulgación de la Ley de Educación Superior (LES) durante el gobierno de Carlos Menem, cuya aprobación un 7 de agosto fue antecedida por el conflicto estudiantil más importante desde el regreso de la democracia. Entre abril y julio de 1995, los y las estudiantes protagonizaron tomas de universidades y movilizaciones masivas en todo el país que ocuparon las tapas de los diarios y desataron incluso la ira del entonces presidente, que llegó a calificarlas como “sediciosas” y “violentas”. Las marchas contra la LES marcaron un hito en la defensa de la universidad pública en la Argentina y frenaron los intentos de arancelamiento de la educación superior. Al calor del conflicto, avanzaron y se fortalecieron fuerzas antiimperialistas y de izquierda como La Corriente-CEPA, que ese año ganó por primera vez centros de estudiantes en la UBA.

La propuesta de LES se había hecho pública a fines de 1993 y se inscribía dentro de una “agenda” para la educación impulsada por organismos como el Banco Mundial, que otorgó un préstamo millonario para financiar la reforma. Uno de los antecedentes más próximos había sido el de la Ley Federal de Educación aprobada en 1992, que implicó la descentralización administrativa, descargando la responsabilidad presupuestaria sobre las provincias, y mayor inserción del sector privado. El contexto de su formulación tuvo que ver con un fortalecimiento del gobierno de Menem, que lanzó la reforma constitucional para habilitar su reelección. Raúl Alfonsín suscribió entonces el llamado Pacto de Olivos que facilitó su aprobación, generando una crisis en el radicalismo. Esto también tuvo su impacto en Franja Morada, que conducía la FUA y la FUBA, y que buscó posicionarse más opositora que su partido. En paralelo, en esos años se había abierto un nuevo ciclo del conflicto social frente al menemismo, a partir del Santiagueñazo de diciembre de 1993. En 1994 se produjo la Primera Marcha Federal en la que la FUA confluyó con sectores sindicales opositores como la CTA, el MTA y la CCC. A la vez, a fines de 1994, se inició en México la “crisis del tequila” que generó nuevos temores en relación a la situación económica argentina.

Se desata la lucha estudiantil

En abril de 1995, la toma de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA actuó como detonante de un conflicto que tendría un alcance imprevisto. La toma tuvo como punto de partida el recorte del 2% del presupuesto de todos los organismos estatales implementado por el gobierno. El Consejo Superior de la UBA, pese a declararse en contra, aprobó que cada Facultad instrumentara cómo llevarlo adelante y en Cs. Exactas se planteó la posibilidad de recortar cargos docentes de la Secretaría de Deportes y Extensión Universitaria. Frente a ello, una asamblea de 500 estudiantes resolvió la toma de la Facultad, que se prolongó durante dos días.

Según una publicación oficial de la Facultad, que llevaba por título “Y tan sólo fue por un 2%”[1], la toma era desmedida en relación al recorte previsto. Sin embargo, la Lista Unidad se preguntaba “¿Por qué tomamos Exactas?” y contestaba: “Porque el gobierno quiere terminar con la Universidad pública y gratuita, como con tantos otros derechos de pueblo argentino”. Tras años de privatizaciones y entrega menemistas, el recorte aparentemente menor en la Secretaría de Deportes se vivió como expresión de que algo mucho mayor se estaba poniendo en juego: el futuro de la Universidad pública argentina. Y la reelección de Menem, rechazada por la gran mayoría del estudiantado de la UBA, se percibía como una amenaza inmediata de su continuidad. A la vez, el radicalismo universitario, tras el Pacto de Olivos, no aparecía como una garantía para enfrentar los embates del menemismo.

La medida de lucha era una novedad para el movimiento estudiantil en democracia. Si bien habían ocurrido tomas simbólicas en distintos momentos desde 1983, ahora se llevaba adelante una toma efectiva, en la que “la Facultad estaba ocupada por varios cientos de estudiantes que, disciplinadamente, se habían hecho cargo de la entrada y la seguridad del pabellón II”[2], bloqueando el acceso de autoridades y profesores. Inclusive, algunos docentes la consideraron “una medida setentista”. Una semana más tarde, se tomaron todas las facultades de la Universidad Nacional de La Plata.

Por otra parte, si bien el Centro de Estudiantes de Ciencias Exactas y Naturales (CECEN) era conducido por el MNR, la toma fue impulsada principalmente por la Lista Unidad, integrante de la Corriente Estudiantil Popular Antiimperialista (CEPA), segunda fuerza en el CECEN y que ganaría las elecciones a fines de ese año. La medida tomó por sorpresa también a Franja Morada, que en esta primera etapa se vio desbordada como conducción del movimiento estudiantil de la UBA. La agrupación radical se tuvo que acomodar a una situación que inicialmente no había impulsado y que recién luego promovió más claramente.

En este marco, a fines de abril el conflicto alcanzó una amplitud nacional, abriendo su segunda etapa. La conducción de la FUA se volcó al proceso, potenciándolo al mismo tiempo, con la convocatoria a una Jornada Nacional de Protesta contra la LES y movilizaciones en 20 universidades. En la UBA, el involucramiento de la FUBA extendió el conflicto a todas las Facultades. En ese momento, los centros llevaron a cabo otra medida novedosa: cortes de calles simultáneos en varias avenidas, con clases públicas y sentadas, que provocaron un caos de tránsito en la Capital. Estas manifestaciones ocurrían a sólo dos semanas de la elección presidencial del 14 de mayo, lo que amplificaba su difusión. Se conformó de este modo un amplio frente único antimenemista y anti-LES, de alcance nacional, que abarcaba desde la Franja hasta la izquierda, y que no excluía a su vez tensiones y disputas en torno a cómo debía proseguir el conflicto. A comienzos de mayo se produjo la toma de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), donde se ocuparon las facultades por dos semanas.

En esta etapa fue cristalizando el programa estudiantil, a partir de una serie de puntos que condensaban el rechazo a la LES, considerada en primer lugar como violatoria de los principios de la Reforma Universitaria ligados a la autonomía y el cogobierno, así como a la gratuidad y el ingreso irrestricto. Al mismo tiempo, la LES era cuestionada como la aplicación de las privatizaciones en la universidad, cuyo motor estaba en los organismos internacionales de crédito. De este modo, el movimiento estudiantil incorporó un componente hasta cierto punto anitiimperialista, a su programa de lucha.

El pico del conflicto

La reelección de Menem llevó el choque estudiantil con el gobierno a su punto más alto, que representó el tercer momento del conflicto. Aprovechando la fortaleza relativa que le otorgaba el triunfo electoral, el menemismo decidió acelerar la aprobación de la LES, pero lejos de atenuar la resistencia estudiantil, la potenció. Frente al tratamiento de la Ley previsto en la Cámara de Diputados, la FUA impulsó la toma de Universidades en todo el país la noche anterior. La medida fue contundente y de alcance nacional, con 25 de las 33 universidades nacionales tomadas por los y las estudiantes. En Capital se tomaron las 13 Facultades de la UBA. Al día siguiente, la FUA convocó a un “abrazo” al Congreso que fue cobrando una forma imprevista. Desde temprano distintos grupos de estudiantes, particularmente de la UNLP, bloquearon los accesos al Congreso impidiendo el ingreso de los diputados. El bloqueo y la masiva movilización de miles de estudiantes presionó a su vez sobre los diputados opositores que decidieron dejar sin quórum la sesión. Así, el tratamiento de la LES debió postergarse, hecho que los y las estudiantes vivieron como una verdadera fiesta. A sólo dos semanas de la reelección de Menem, habían logrado frenar el tratamiento de su Ley Universitaria.

Furioso, Menem llegó a declarar que “fue una actitud antidemocrática, porque se impidió el funcionamiento de uno de los poderes del Estado. Yo la calificaría de sediciosa y de neto corte fascista (…) pretenden la violencia para crear algún tipo de mártir”.[3] El movimiento estudiantil fue atravesado por discusiones de cara a la nueva sesión de la Cámara de Diputados convocada una semana más tarde. Por ejemplo, mientras algunas asambleas en la UBA y la UNLP votaron a favor de un nuevo bloqueo, el presidente de la FUA se declaraba en contra de impedir la sesión.

En cualquier caso, el gobierno mostró su voluntad de aprobar la Ley a toda costa. Para ello, “blindó” el Congreso con un impresionante dispositivo de seguridad. Con 30.000 estudiantes rodeando el Parlamento y decenas de miles movilizados en todo el país, el menemismo logró finalmente dar media sanción a la LES, que luego fue sancionada en el Senado. Pero para lograr su objetivo pagó un costo político alto, en el marco de una movilización estudiantil masiva y sin llegar a acuerdos con prácticamente ningún sector de peso dentro de las Universidades. Ocurrida menos de un mes después de la elección presidencial, la movilización estudiantil fue quizá la primera manifestación social importante tras la reelección y un anticipo de las enormes luchas populares que enfrentaron a Menem durante su segunda presidencia.

Página/12, 29 de junio de 1995.

Proyecciones de la movilización estudiantil

A partir de su aprobación en Diputados, el movimiento estudiantil comenzó a adaptar su estrategia a la nueva etapa que se abría, planteando como estrategia principal la “no aplicabilidad de la ley en los hechos”. Este enfoque implicaba trabajar desde múltiples ángulos para impedir o limitar los alcances de la LES dentro de las universidades. De este modo, por ejemplo, se llegó al fallo del juez Marinelli, que hizo lugar al pedido de inconstitucionalidad planteado por la UBA de varios artículos de la LES, y que la eximieron de adecuar sus Estatutos a la nueva Ley. El gobierno nacional no apeló el fallo y éste quedó con sentencia firme. El fallo también fue posteriormente uno de los argumentos utilizados por el movimiento estudiantil para rechazar las acreditaciones de carreras de la UBA a la CONEAU, organismo creado por esta Ley.

Con el trasfondo de las movilizaciones estudiantiles, a fines de 1995 se realizaron las elecciones en los centros de estudiantes de la UBA. Los trece centros quedaron en manos de fuerzas opositoras al menemismo, cuyas agrupaciones no lograron ganar ningún centro y alcanzaron poco más del 10% de los votos totales. Franja Morada logró sostener una amplia mayoría, ganando 8 de los 13 centros y obteniendo casi la mitad de los votos totales. De este modo, la agrupación radical hegemonizó la oposición al menemismo dentro de la UBA. No obstante, Franja había sido desbordada y cuestionada en distintos momentos del conflicto y una de las novedades de las elecciones fueron los avances de otras fuerzas que desplazaron a los radicales de la conducción de algunos centros de estudiantes. Por un lado, el Frente Grande se consolidó como segunda fuerza revalidando su dirección en Filosofía y Letras y ganando a los radicales en Cs. Sociales. A la vez, logró un importante avance La Corriente – CEPA, que desplazó a Franja de Ingeniería y al MNR de Ciencias Exactas; momento del cual también se cumplieron 25 años el pasado 18 de noviembre. Eran los primeros triunfos para las fuerzas antiimperialistas y revolucionarias en la UBA desde los años ‘70. El conflicto contra la LES tuvo un protagonismo importante de la izquierda estudiantil y fue el inicio de un proceso que llevaría al desplazamiento de Franja de la conducción de la FUBA en 2001.

El conflicto contra la LES marcó un hito en la defensa de la Universidad pública y abrió un ciclo de movilización estudiantil que se prolongó por varios años. Si bien la Ley fue aprobada, y hoy sigue vigente, algunos de sus puntos más cuestionados no pudieron implementarse. De hecho, si hoy la universidad sigue siendo gratuita en la Argentina, se debe en gran medida a las manifestaciones estudiantiles de esos años. A comienzos de 1995, varias notas de diarios daban por sentado el pronto arancelamiento de la educación superior.[4] Es indudable que las movilizaciones estudiantiles contribuyeron a que esa realidad no se concretara y a que hoy la Universidad pública y gratuita siga siendo una conquista popular en la Argentina, algo distinto a lo que ocurre en muchos otros países latinoamericanos.


[1] Oficina de Prensa de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales – UBA, Cable Semanal, N°152, 10 de abril de 1995.
[2] Idem.
[3] “El presidente se enojó con los estudiantes”, Clarín, 2 de junio de 1995.
[4] En un suplemento de Clarín se afirmaba que “a pesar de los históricos reclamos de los estudiantes, el arancelamiento es casi una realidad”. Ver: “Polémica en el claustro. ¿Seguirá siendo gratuita la universidad pública?” en Clarín, 12 de marzo de 1995, Suplemento especial, pág. 4.