La semana pasada se realizó el XIV Encuentro del Consejo de las Américas, un evento que organiza la Cámara Argentina de Comercio y la Americas Society/Council of the Americas. En esta oportunidad lo convocaron bajo el título “Argentina: Perspectivas Económicas y Políticas”, en el tradicional Hotel Alvear. Sobre el escenario se fueron sucediendo los discursos que mostraron las coincidencias y exigencias entre el empresariado, el Fondo Monetario y los funcionarios del gobierno, y que grafican los objetivos a mediano y corto plazo que buscará el macrismo para dar seguridad y rentabilidad al capital monopolista y “atraer inversiones”: ajuste fiscal, flexibilización laboral y reforma laboral, previsional y tributaria.
Además de la presencia de los principales ministros de Cambiemos y del jefe de gobierno porteño, se destacó la disertación de Alejandro Werner, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI. El funcionario se mostró plenamente gratificado por las políticas del gobierno de Macri, destacando su coincidencia con la visión de quienes manejan la economía del país. Defendiendo la política del macrismo, opinó acerca de cómo debería buscar Argentina el crecimiento económico en un contexto que el ciclo de precios elevados de las materias primas se ha agotado. Según su visión, “Argentina tiene una estrategia clara de búsqueda de la inversión”, coincidiendo con el relato oficial acerca de las “inversiones extranjeras”.
Werner fue haciendo un resumen de las condiciones que el FMI y el capital imperialista buscan para invertir en la economía argentina: “Vemos una transformación muy importante que se está llevando hoy en Argentina y un proceso de ordenamiento macroeconómico que pasa por el establecimiento de una política monetaria independiente, un esquema de metas de inflación y un esquema de flotación de tipo de cambio que ha sido muy exitosa en la región (…) y por otro lado, un proceso de ordenamiento fiscal muy importante con una visión gradual, inteligente, de incrementar la eficiencia del gasto público, bajar la carga tributaria, incrementar la rentabilidad de las empresas, y que esta sea otra de las palancas para el fomento de la inversión y rentabilidad del sector privado”. Y, remarcando también la búsqueda de reducción de la intervención estatal en la economía, argumentó que “otra palanca es reducir la carga regulatoria, en una economía que estaba sobre-regulada. Que no se sobre-determine la actividad del sector privado, y que limite la inversión”.
El ministro de Economía Nicolás Dujovne defendió su gestión con dudoso optimismo, pidió apoyo a los presentes y midiendo sus palabras en clave preelectoral pidió a los empresarios que “tengan paciencia”. En el mismo escenario, Susan Segal, presidente del Council of the Americas, planteó que los inversores “ven las oportunidades que ofrece una Argentina estable. Pero las decisiones de inversión estratégicas toman tiempo porque es un compromiso de capital a largo plazo, entonces, tengan paciencia”.
Y poniendo el concepto blanco sobre negro, Jorge Luis Di Fiori, presidente de la Cámara Argentina de Comercio, marcó la hoja de ruta que el empresariado le pide al gobierno. Rescató los números difundidos en las estadísticas del oficialismo sobre la actividad económica pero señaló claramente que el problema es el “elevado costo argentino” que “erosiona la competitividad de la producción y dificulta la generación de puestos de trabajo de calidad”, lo que en su jerga no es más que pedir rebaja salarial, reducción de aportes e impuestos a las patronales y flexibilización laboral. De esta manera, dice, podrían generar confianza en los potenciales inversores locales e internacionales.
Palabras de quienes buscan un “crecimiento” en beneficio de monopolios sobre la espalda de los trabajadores, que son apenas un “costo”.





