La desindustrialización macrista

Detrás de los chispazos entre el gobierno de Macri y la UIA se observa uno de los efectos del plan económico del gobierno de Cambiemos: la caída de la producción industrial, que no sólo arrasa con las pymes sino que llegó a afectar incluso a los monopolios. La apertura de las importaciones junto con la caída del consumo reducen la demanda sobre las empresas que atienden el mercado interno, golpeando especialmente a los sectores pymes. Esto se profundiza con la política de altas tasas de interés que favorecen los negocios financieros sobre las actividades productivas.

Los datos de la propia UIA son elocuentes. En los gráficos se muestra un rebote o leve recuperación durante 2017, pero que dista enormemente de compensar la brutal caída del 2016. Para peor, dicho repunte de la actividad se verifica con expulsión de empleo industrial. Y el desbalance comercial de la industria en su totalidad alcanza nuevos récords. Esa recuperación de la industria es muy heterogénea. Hace punta la ensambladuría automotriz, sector protegido y regulado por acuerdos a nivel Mercosur que se diseñan en las casas matrices de cada monopolio imperialista del sector.

La industria en su conjunto es responsable del 20% del empleo y sus niveles salariales son mayores que el promedio general de la economía. Pero la industria no entra en la consideración del gobierno como palanca de desarrollo económico, rol que Macri le reserva al principalmente sector agropecuario. Para la industria promueve que si no puede “competir” con el mercado mundial, su destino debe ser la “reconversión”… O mejor dicho desaparición. Porque ese “mercado mundial” está hegemonizado por los monopolios imperialistas, que hacen uso de la superexplotación en los países dependientes y cuentan con el auxilio de sus respectivos estados. Naturalmente que Macri acuerda plenamente en “bajar costos laborales”; pero evidentemente no le interesa la defensa de la industria para su desarrollo autónomo y soberano. Después de todo, su familia hizo su fortuna robando con la deuda externa, contrabandeando con Sevel y estafando con las cloacas en Morón.

La cúpula de la UIA y el gobierno pusieron paños fríos al desencuentro inicial. Hubo reuniones de alto nivel buscando encauzar el descontento. Claro, la cúpula de la UIA no representa a los sectores más castigados y mucho menos a los sectores pymes. La dirigencia de la UIA responde a los grandes monopolios, que tienen más posibilidades de adaptarse a los cambios que condenan a las empresas que viven del mercado interno, son mano de obra intensiva y deben competir en condiciones de desigualdad con las importaciones chinas. El macrismo en definitiva pretende desandar la historia del desarrollo industrial argentino, una historia de más de “70 años”.