Manuel Belgrano, un revolucionario

Un abogado devenido en militar a fuerza de necesidad revolucionaria.

“Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad.”
(Juramento de soldados patriotas comandados por Manuel Belgrano, 27 de febrero de 1812.)

Nuestro Día de la Bandera conmemora al patriota Manuel Belgrano, fallecido un 20 de junio de 1820. Se lo destaca así por haber hecho jurar una bandera propia a las tropas bajo su mando cuando aún no había sido declarada formalmente nuestra independencia. El motivo de Belgrano era sencillo: necesitaba ir a la batalla con una bandera distinta que la del enemigo. Pero no fue sólo un desafío ante las tropas realistas, a quienes enfrentaría y derrotaría meses después, sino que incluso recibiría una reprimenda por parte del vacilante Primer Triunvirato, que le ordenó eliminarla.

Nacido en Buenos Aires en 1770, Manuel Belgrano estudió en el Colegio de San Carlos y viajó luego a las Universidades de Salamanca y Valladolid (España). En 1793 se recibió de abogado y, ya en Buenos Aires, fue designado como primer secretario del Consulado a sus 23 años. Desde allí se propuso impulsar la educación. Y fue desde siempre también activo promotor del libre comercio internacional en contra del monopolio colonial. Insistió también en la importancia de fabricar zapatos en lugar de simplemente exportar cueros.

Belgrano se había formado como abogado pero devino en audaz militar a fuerza de necesidad revolucionaria. Primero tomó partido contra las invasiones inglesas a Buenos Aires. Luego fue enviado al Paraguay por la Primera Junta, nuestro primer gobierno autónomo. Y entonces se le encomendó ponerse al frente del Regimiento de Patricios, tras someter primero la Rebelión de las Trenzas de este regimiento. Marchó entonces hacia Rosario, donde haría jurar al regimiento una bandera celeste y blanca, un el 27 de febrero de 1812. Para tal ocasión denominó a sus baterías de artillería “Libertad” e “Independencia”. E hizo jurar a sus tropas con el siguiente lema: “Juremos vencer a los enemigos interiores y exteriores, y la América del Sur será el templo de la Independencia y de la Libertad”.

Combatió junto con Gervasio Artigas para detener el avance realista en la Banda Oriental. Y luego quedó al mando del Ejército del Norte para repeler a las fuerzas realistas que ya invadían por Jujuy. Allí obedeció a medias las instrucciones del Triunvirato, que le ordenó retroceder hasta Córdoba. Encabezó el Éxodo Jujeño, tan recordado hasta en la actualidad en esa provincia. Pero se detuvo en Tucumán. Allí se decidió presentar batalla. Esta nueva desobediencia de Belgrano al Triunvirato estuvo justificada en la voluntad de lucha que fue recogiendo. Y le escribe al Triunvirato: “Si me retiro y me cargan todo se pierde, y con ella nuestro total crédito. La gente de esta jurisdicción se ha decidido a sacrificarse con nosotros si se trata de defenderla. […] Acaso la suerte de la guerra nos sea favorable, animados como están los soldados y deseosos de distinguirse en una nueva acción. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos”.

Ya era septiembre de 1812 y el colonialismo español venía recuperando territorios en toda américa. Unos 1.800 patriotas enfrentaron a unos 3.000 realistas. Pero la batalla fue una victoria aplastante, demostrando la razón que tenía Belgrano en confiar en la voluntad de lucha del pueblo. Volvería luego hasta Salta, donde volvió a derrotar a los españoles. Previamente, había hecho jurar la bandera a sus tropas, ya asumido el Segundo Triunvirato.

Luego tuvo nuevas derrotas en Vilcapugio y Ayohuma. Y se organizaron nuevas formas de resistencia contra las tropas invasoras. Pero la voluntad independentista ya era un hecho. Voluntad que se reafirmó el 9 de Julio de 1916 con nuestra declaración de independencia, en la cual también participó. Independencia que se conquistó en 1824, con la derrota definitiva de los españoles. Belgrano murió en la total pobreza en 1820 y no vivió para ver ese momento. Pero lo añoró hasta su último suspiro.